Editorial
Investigadores de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires diseñaron un modelo matemático de alta precisión que logró construir dos mapas a partir de datos antropométricos «peso y talla» de niños y niñas atendidos en más de siete mil centros de salud del sistema público. Un mapa señala la distribución de la baja talla para la edad; el otro, la distribución del sobrepeso.
Según explicitaron, el objetivo fue superponerlos en un único modelo espacial que abarca más de quinientas jurisdicciones del país. Según los propios investigadores, la meta fue detectar patrones espaciales superpuestos que puedan reflejar determinantes sociales, ambientales o estructurales compartidos. Esto es, encontrar los lugares donde ambos problemas coexisten y preguntarse por qué.
La pobreza ya no se manifiesta únicamente en la carencia de alimentos, sino también en la imposibilidad de acceder a una alimentación saludable.
Es importante recordar que la desnutrición y la obesidad no son polos opuestos. Son, con frecuencia, dos síntomas del mismo trastorno: el acceso casi exclusivo a alimentos baratos, industriales y sin mayor valor nutritivo.

Los resultados corroboran inequidades territoriales. El sobrepeso infantil está extendido en casi todo el territorio nacional, una realidad que ya no distingue geografías ni clases sociales en su dimensión más superficial. El retraso del crecimiento, en cambio, se concentra con particular fuerza en el norte del país. Provincias como Catamarca integran ese mapa de los niños que no crecen como deberían, no porque coman de más, sino porque lo que comen no los nutre.
El estudio desmitifica la vieja dicotomía que opone desnutrición a obesidad como si fueran enfermedades de mundos distintos. Ambas son expresiones de un mismo modelo alimentario, como es el acceso predominante a ultraprocesados «productos de altísimo contenido calórico en azúcares, grasas y sodio, pero extremadamente pobres en nutrientes esenciales y proteínas de calidad». El cuerpo de un niño que se alimenta así engorda, pero no crece. Acumula energía que no puede convertir en desarrollo.
Para Catamarca, provincia que históricamente combinó malnutrición por déficit en sus zonas rurales y de altura con el creciente sobrepeso en sus áreas más urbanizadas, este mapa es una radiografía territorial que puede orientar políticas públicas focalizadas departamento por departamento.
El Estado argentino ha tendido a tratar la malnutrición como un problema de insuficiencia calórica. El estudio de la UBA demuestra que ese enfoque es, cuando menos, incompleto. La cuestión no es solo la cantidad, sino la calidad de lo que se consume.
En consecuencia, puede señalarse que la pobreza ya no se manifiesta únicamente en la carencia de alimentos, sino también en la imposibilidad de acceder a una alimentación saludable. Comer mal resulta, muchas veces, más barato que comer bien. Y esa distorsión termina consolidando un círculo perverso que compromete el desarrollo cognitivo, la salud futura y las oportunidades de millones de niños.
