De un diagnóstico crítico a una recuperación total: el milagro de Esquiú

La recuperación de una beba con una grave infección ósea, atribuida a Mamerto Esquiú, fue clave en su beatificación y sigue conmoviendo a los fieles.
A Mamerto Esquiú se le atribuyen cerca de 300 hechos considerados milagrosos, pero fue la curación de una niña tucumana la que resultó determinante para su beatificación, tras ser considerada “inexplicable” por el Vaticano.

El caso fue aprobado en 2020 por el Congreso de Cardenales, con aval previo de la Comisión Teológica y de la Comisión Médica, que en 2019 ya había concluido que la recuperación no tenía explicación científica.

La historia se remonta a Tucumán, donde una beba nació prematura y a los pocos días desarrolló una enterocolitis necrotizante y, luego, signos de una infección grave en la pierna izquierda. Los estudios confirmaron un cuadro severo: artritis séptica en la cadera y osteomielitis en el fémur izquierdo, que rápidamente evolucionó a una forma crónica.

El tratamiento fue agresivo. La paciente fue sometida a cuatro intervenciones quirúrgicas de limpieza en el fémur, con drenajes y antibióticos de alta potencia, sin lograr frenar la infección. Los médicos advirtieron a la familia sobre la gravedad del cuadro y evaluaban una cirugía extrema para extraer parte del hueso afectado.

En ese contexto, la madre de la niña recurrió a la fe. Pasó sobre la pierna enferma una estampita con una reliquia de Esquiú y pidió su intercesión. A esa oración se sumó la familia.

Doce días después, un nuevo estudio radiológico mostró un cambio inesperado: la infección había desaparecido y el hueso, que se pensaba extirpar, evidenciaba una recuperación completa. Con el correr de los días, también desaparecieron los síntomas clínicos y los indicadores de laboratorio.

Los controles posteriores confirmaron la curación. El fémur no presentó daños en los cartílagos de crecimiento —algo esperable por la gravedad del cuadro— y sólo quedó una leve diferencia de cinco milímetros, sin consecuencias funcionales.

El caso incluyó además un hecho singular: muestras de biopsia extraídas durante una cirugía, que debían haberse deteriorado por autólisis tras perder el formol, se conservaron en condiciones aptas para su análisis semanas después, confirmando la existencia previa de una osteomielitis crónica.

Todos los profesionales que evaluaron la documentación coincidieron en un punto: la evolución del cuadro no tiene explicación médica.

Hoy, la protagonista de esta historia —conocida como Emma— lleva una vida normal en San Miguel de Tucumán. En su casa, las imágenes del fraile catamarqueño conviven con fotos de su crecimiento, en una escena que mezcla fe y memoria.

¿Quién fue Fray Mamerto Esquiú?

Nacido en 1826 en la localidad catamarqueña de San José de Piedra Blanca, Esquiú fue mucho más que un religioso. Fue un hombre de una humildad profunda y un intelecto brillante.

Pasó a la historia grande de la Argentina por su famoso sermón de 1853, donde llamó a la unidad nacional y al respeto por la Constitución Nacional, ganándose el apodo de “El Orador de la Constitución”. A pesar de su enorme prestigio y de haber sido nombrado obispo de Córdoba, nunca abandonó su sencillez franciscana.

Fe y devoción

Aunque el milagro ocurrió en Tucumán, la devoción por Esquiú tiene su epicentro en Catamarca, especialmente en Piedra Blanca, su lugar de origen, donde su figura forma parte de la identidad local.

En la antesala del 11 de mayo, cuando se conmemorará el bicentenario de su nacimiento, su figura vuelve a cobrar fuerza. Para la ciencia, el caso de Emma sigue siendo un hecho sin explicación. Para los fieles, en cambio, es una prueba de que Esquiú sigue intercediendo.

Para compartir: