Como si los perjuicios que provocan los consumos postergados de Manuel Adorni fueran pocos, el presidente Javier Milei resolvió reintroducir en la escena la controversial figura de José Luis Espert, a quien el año pasado el comando libertario tuvo que sacar de la lista de diputados nacionales de la Provincia de Buenos Aires, que encabezaba, debido a las turbias relaciones que mantenía con el empresario Federico Andrés “Fred” Machado.
Para reivindicar a su admirado “profe” y denostar al periodismo, Milei perpetró una insólita interpretación del acuerdo que Machado intenta para evitar que la Justicia de los Estados Unidos lo condene por narcotráfico. El empresario propuso declararse culpable de conspirar para lavar dinero y cometer fraudes por vía electrónica, a cambio de que la Fiscalía deje de lado la acusación por tráfico de estupefacientes, que es más grave.
Ayer confesó las dos transgresiones más leves en una audiencia ante la Justicia Federal norteamericana y ahora un juez dictará sentencia. Eludirá de este modo un juicio por jurados y la posibilidad de una condena muchísimo más severa.
Esto es: “Fred” Machado acaba de admitir precisamente el delito por el que se lo relacionó con Espert, que es el lavado de activos. La Fiscalía Federal en Texas mantiene incorporada como evidencia la transferencia de 200.000 a su favor que Machado hizo en enero de 2020. Documentada a través del Bank of America como “further credit to” —una instrucción bancaria que fragmenta el recorrido del dinero a través de cuentas intermedias antes de llegar al beneficiario final— y vinculada a la aeronave con matrícula N28FM, la operación es utilizada por los investigadores para probar la ruta del dinero que utilizó Machado para sus delitos.
“O sea, digamos”: La situación de Espert es peor de lo que era, no mejor. Antes, el lavado era objeto de investigación, ahora ha dejado de serlo. Espert hubiera quedado limpio si su amigo “Fred” confesaba como narcotraficante a cambio de que se le levantaran los cargos por lavado, pero su declaración tiene sentido inverso.
Milei, sin embargo, posteó triunfal: “A José Luis Espert le destruyeron su reputación, lo empujaron al ostracismo y quisieron convertirlo en un criminal mediante una OPERACION POLÍTICA Y MEDIÁTICA INFAME. Durante semanas lo ENSUCIARON, lo DIFAMARON y lo condenaron públicamente sin pruebas, solo porque defendía las ideas de la libertad y les resultaba incómodo. Pero finalmente, la Justicia de Estados Unidos aceptó la declaración de INOCENCIA respecto del narcotráfico del que se acusaba a la persona utilizada para golpear y ensuciar a Espert”.
Las mayúsculas son del tuit original, titulado también en mayúsculas, típicamente, “PERIODISTAS DE MIERDA (95%)”. Al parecer, para Milei las mayúsculas son un argumento.
La defensa de Espert es estrafalaria hasta para los altos niveles ya marcados por el Presidente. Debe reconocerse que el hombre se supera, pero en este caso el disparate es tal que cuesta no suponer que persigue objetivos distintos a los de defender a Espert, quien por su lado se abstuvo de cualquier consideración sobre el giro que ha tomado el expediente estadounidense. Raro que no se haya apurado a compartir la euforia presidencial por su inocencia, en una suerte de anticipo de la campaña “Espert libre”.
Aparte de la incertidumbre por lo que vaya a pasar ahora que Machado confesó el lavado de dinero, ha de inquietarlo la marcha de las causas que se tramitan en la Argentina.
La más pesada, radicada en el Juzgado Federal de San Isidro, es por lavado de activos e ingresos ilícitos e investiga justamente los fondos y la logística aportados por el confeso «Fred» a su campaña.
Otra está en el Juzgado Federal Nº 4 de Comodoro Py y se centra en las irregularidades de la rendición de gastos del partido UNITE, con el que compitió como candidato a presidente en 2019.
