La participación de Soledad Pastorutti ataviada con un poncho catamarqueño celeste y blanco fue una de la perlas extradeportivas con mayor repercusión de la despedida de Leonel Messi.
La emocionante despedida de Messi fue la vidriera de mayor penetración que hayan tenido los telares catamarqueños.
Quizás fue un hecho fortuito que la intérprete eligiera para la ocasión justo el poncho que le regalaron en la última edición de la Fiesta del Poncho, pero de ningún modo puede considerárselo aislado.
La prenda tejida en Belén llegó al círculo central del Monumental a través de una cadena promocional que Catamarca viene eslabonando hace años.
Dada la envergadura del evento, nada menos que el último partido de Messi con la camiseta argentina, cabe suponer que se trató del episodio de mayor impacto que hayan tenido los telares catamarqueños y la Provincia con ellos.
Cuando Soledad cantó «Brindis» frente al capitán, el poncho belicho estaba ante la mayor platea que haya reunido el fútbol argentino. El Monumental estaba al tope y la trasmisión de la ceremonia tuvo récords de audiencia que algunos cálculos estimaron incluso superiores a la de la final del Mundial de Quatar. Luego, las repercusiones trascendieron las fronteras del país y el video, abrazo de la cantante con el astro incluido, se viralizó en pocas horas.
A las cifras hay que añadirle el ingrediente anímico. El poncho catamarqueño formó parte de un momento histórico, cargado de emotividad, en un episodio despojado de cálculos publicitarios.
Es interesante la secuencia. El poncho se visibilizó específicamente porque Soledad, que ha hecho del revoleo de la prenda en los escenarios una marca registrada, se lo cambió a Agustin Gray por un camperón del Seleccionado. Para el público y los medios metropolitanos, el valor de la noticia radicaba en que la carismática cantante, santafesina como Messi, entregaba un símbolo de su identidad personal. Solo los catamarqueños y los entendidos sabían hasta ese momento que se trataba de un poncho urdido artesanalmente en telar belicho. El detalle del origen se viralizó después.
Tras el episodio, la familia que tejió la prenda recibió consultas desde España, Italia, Polonia, Estados Unidos, Canadá y Australia.
El poncho bandera es obra de Graciela Carrasco y Ramón Baigorría, del emprendimiento belicho «Rua Chaky». La familia va por la quinta generación de tejedores y confecciona el modelo desde hace dieciséis años.
El tejido catamarqueño tiene una larga historia sobre hombros ilustres.
El mismo diseño de Soledad ya había hecho furor cuando lo mostró Lisandro Martínez. Otro poncho de “Rua Chaky” llegó al papa Francisco en 2016. Mercedes Sosa paseó por el mundo uno con guarda atada, la técnica de los tejedores de Londres.
En los últimos años, la valoración de los tejidos catamarqueños se volvió estrategia. La Ruta del Telar llevó a sus artesanos a Kuala Lumpur en 2017 y a Italia en 2024, con visitas a Loro Piana y Piacenza. En 2025 estuvieron en el Festival de Artesanías de América en Cuenca, Ecuador.
En mayo de este año llegaron a un campus de diseño en París. Allí, contaron los tejedores, los diseñadores franceses no se explicaban cómo una guarda hecha a mano salía tan perfecta como las de sus telares programados por computadora.
La estrategia tiene, además, base en el territorio. La Ruta del Telar suma catorce estaciones entre Belén, Santa María y Antofagasta de la Sierra, y en julio inauguró sus primeras sedes propias en Hualfín, Puerta de San José y Londres. Ese mismo mes estrenó una plataforma digital con circuitos, experiencias y productos, y en Buenos Aires el Palacio Libertad exhibe y vende piezas de varias estaciones.
Soledad recibió el poncho que lució en la noche de Messi en la última Fiesta del Poncho. Casi tres meses después, lo eligió para el Monumental. Gran contribución a la visibilidad de los talentosos artesanos catamarqueños y de la Provincia.
Messi en la Ruta del Telar, con un detalle adicional: a través de un abrazo genuino con Soledad, en las antípodas de las tácticas parasitarias de Claudio «Chiqui» Tapia.
