La carrera invisible: Lanzamientos precoces y ansiedad dirigencial rumbo a 2027

A través de «militantes» y campañas digitales, la dirigencia política acelera el posicionamiento de candidatos para el próximo año. Entre el folclore de la «pechadera» y la distancia con las preocupaciones reales de la sociedad.
Por interpósitas personas —como dicen los abogados— y utilizando a militantes comunes en la campañas incipientes, varios referentes políticos comienzan a buscar posicionarse para la carrera electoral del año que viene. Aunque, para ser más precisos, sería correcto admitir que la carrera ya comenzó y el próximo año será simplemente la definición.

Antes de que los protagonistas salgan a aclarar que nada tienen que ver con estas promociones, se les concederá la razón anticipadamente y se los absolverá de cualquier pecado de ambición. Para el caso, poco importa de dónde surja la propaganda: el punto es que ya se instaló.

De la tradicional «pechadera» al algoritmo digital
Con creciente insistencia, comienzan a circular imágenes de actores políticos buscando posicionarse como opciones para candidaturas rumbo al 2027. En ese marco, tienen un claro protagonismo las figuras legislativas que aspiran —algunos ahora, otros desde hace tiempo— a dar un salto de calidad.

¿Qué mejor oportunidad que las próximas elecciones? A diferencia de las opacas renovaciones legislativas de medio término, que no mueven la aguja militante, aquí estará en juego el poder real.

La práctica, debe reconocerse, no es nueva y forma parte del folclore habitual de cada período preelectoral, etapa vulgarmente definida como la “pechadera” por conseguir algún espacio. En este ecosistema abundan las autopublicidades y las simulaciones de clamores populares, prolijamente dibujados con base en módicas inversiones o la agitación de los círculos más cercanos.

Las tácticas son tan viejas como la política: van desde empujar para aparecer en una foto a buscar presencia mediática a cualquier precio, pasando por la clásica estrategia de apuntar alto para asegurarse un objetivo de mínima.

Muchos se promueven como aspirantes a una intendencia o a una banca en el Congreso, a sabiendas de que ese rol no llegará, pero con la certeza de que allanará el camino hacia una silla en la Legislatura o una concejalía.

La anomalía de los «vice» en tiempos de WhatsApp
En tiempos de WhatsApp, redes sociales y fotos digitales, la moda actual es viralizar imágenes y leyendas que vayan martillando la memoria colectiva. Sin embargo, el escenario actual presenta una curiosidad: uno de los cargos que mayor interés ha generado hasta aquí es el de vicegobernador.

Se trata de una pulseada como mínimo prematura, ya que ni siquiera está resuelto el candidato a la gobernación (ni en la oposición ni en el oficialismo).

En ese laboratorio digital, legisladores como Paola Fedeli o Ramón Figueroa Castellanos —ambos provenientes del corpaccismo— fueron mostrados recientemente como imaginarios compañeros de fórmula del intendente capitalino, Gustavo Saadi, por el peronismo.

Expresiones precoces: Ni el propio Saadi ha manifestado públicamente que competirá el año que viene, más allá de que la lógica política lo ubique como el sucesor natural de Raúl Jalil.

El dato clave: La relevancia de estos gestos es claramente escasa, pero refleja a la perfección la ansiedad reinante en gran parte de la dirigencia.

Mientras la cúpula política se enfoca en una elección que sin dudas será determinante para sus carreras, el ciudadano promedio, envuelto en sus propios problemas cotidianos, observa el panorama desde una distancia prudencial. Para la sociedad, el armado de listas está muy lejos de ocupar un sitio prioritario en sus preocupaciones.

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