El vacío de representación: la ilusión del nuevo outsider

Por la redapción

El fenómeno del desencanto político en la Argentina dejó de ser un episodio coyuntural para convertirse en el rasgo estructural de la sociedad. Según un reciente informe del Observatorio Pulsar de la UBA, el 42% de los argentinos no se identifica con ningún partido o espacio político. Los llamados «ningunistas» ya no conforman una categoría residual de indecisos o apáticos; constituyen hoy el segmento más numeroso y transversal de la población.

Como bien analiza el periodista Jorge Liotti, el centro político en este contexto no representa una moderación ideológica ni un proyecto equilibrado entre la izquierda y la derecha. Funciona, en cambio, como una zona de refugio: un «no lugar» habitado por una ciudadanía errante que rechaza el abecedario de la dirigencia tradicional y que ha votado en contra del oficialismo de turno en cinco de las últimas siete elecciones nacionales.

De esta desconexión profunda entre la oferta política y la demanda social emergió en 2023 la figura de Javier Milei. Sin embargo, a tres años de su irrupción electoral, el propio gobierno libertario parece haber quedado atrapado en la misma marea de indiferencia que le dio origen. Habiendo agotado la cuota de innovación y ruptura, la crisis de representación persiste y el agotamiento sistémico vuelve a tentar a los estrategas con la búsqueda de un nuevo outsider.

Allí radica la principal trampa del escenario actual. Quienes intentan fabricar una alternativa ajena a la política tradicional pasan por alto que la sociedad también aprende de las experiencias. Imaginar un outsider moderado, sereno y prefabricado resulta una contradictio in adjectio: equivale a pensar en un Milei sin rabia o en un Javier sin Karina. Parte del éxito original del actual presidente se basó en el factor sorpresa y en la autenticidad de su radicalidad, elementos que la vieja política no supo prever cuando intentó instrumentalizarlo.

Los denominados «neo-outsiders» se enfrentan a un límite infranqueable: se les ven las costuras. Carecen de la novedad que en su momento encarnaron propuestas como la dolarización o el cierre del Banco Central. En un electorado desgastado por la falta de respuestas, difícilmente haya espacio para repetir la misma fórmula con distintos actores; la sociedad no volverá a tragar la misma píldora.

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