EDITORIAL
El Centro de Economía Política Argentina (CEPA), trabajando sobre datos de la Central de Deudores del Banco Central, reveló que en mayo 5,8 millones de personas estaban en situación irregular sobre un total de 20,9 millones de deudores registrados. Es decir, casi tres de cada diez.
Catamarca aparece tercera en ese ranking, con una morosidad familiar del 20%: 16,3% en el sistema bancario y 27,4% en billeteras virtuales y otros proveedores no financieros. Encabeza la lista La Rioja, con 22,8% (17,5% bancario, 29,4% en billeteras), y la sigue San Luis con 20,1% (15% bancario, 31,2% en billeteras).
Lo que más llama la atención del informe no es tanto el número total sino cómo se compone. Entre las familias, la irregularidad llega al 15,3%, pero con una brecha enorme según de dónde venga la deuda: 12,3% en bancos, contra 27,9% en billeteras virtuales y financieras no bancarias. Hay allí un dato para mirar con atención. Se armó, en paralelo al sistema bancario tradicional, un circuito de crédito más accesible pero también más caro, y ese circuito está capturando a la parte más vulnerable de la sociedad.
Y dentro de ese universo, buena parte de los morosos con billeteras virtuales son jóvenes, muchos todavía sin trabajo formal. Piden dinero prestado a través del celular y sin demasiadas preguntas, pero después no llegan a pagar las cuotas. El resultado, previsiblemente, es que no pueden afrontar las obligaciones contraídas.
La situación se potencia por la caída del poder adquisitivo, que impulsa el gasto de los créditos en compra de alimentos o de medicamentos, es decir, en gastos corrientes.
Es preciso que el Estado, en coordinación con el sistema financiero, diseñe algún esquema de renegociación accesible, sobre todo para quienes quedaron atrapados en las billeteras virtuales, donde las condiciones suelen ser mucho más duras que en la banca regulada.
Brasil viene ensayando un programa exitoso. Este año, el gobierno de Lula relanzó el “Novo Desenrola Brasil”, un programa que ofrece descuentos de entre 30% y 90% sobre la deuda, tasas topeadas en 1,99% mensual y hasta 48 cuotas para pagar. También permite usar una parte del Fondo de Garantía por Tiempo de Servicio para cancelar deudas, y tiene líneas separadas para familias de bajos ingresos, estudiantes, jubilados y pequeñas empresas. La primera versión del plan, entre 2023 y 2024, ya había mostrado resultados concretos: 15 millones de personas renegociaron unos 52.000 millones de reales «cerca del 0,5% del PIB» y la morosidad bancaria general bajó de 4,18% a 3,65%.
No se trata de calcar el modelo brasileño pero la idea de fondo sirve: propiciar que los bancos y financieras resignen parte de las ganancias por intereses, y sumar algo de educación financiera para que los más jóvenes no vuelvan a caer en la misma trampa apenas salgan de la que están atrapados ahora. Pero ningún programa de este tipo será eficaz si no hay una recomposición de los salarios, que evite que continúe el endeudamiento para hacer frente a gastos básicos como comer o curarse.
