Editorial
La violencia de género es transversal a todas las clases sociales y a los distintos grupos etarios. No es un fenómeno presente solamente en la edad adulta. Los noviazgos violentos en edades tempranas son, lamentablemente, muy frecuentes.
Es frecuente que los adolescentes adopten comportamientos que identifican con demostraciones de amor pero que en realidad encierran inseguridades y conductas abusivas. Por ejemplo, los celos enfermizos, las invasiones a la intimidad de la pareja o el control de sus actividades y relaciones. Y lo que comienza como un juego es probable que termine de muy mala manera.
Un estudio de la Organización Mundial de la Salud publicado ayer señala que un 24% de las adolescentes que están en una relación han sufrido violencia física y/o sexual por parte de su pareja antes de cumplir los 20 años. El estudio se basa en información recopilada en 194 países y fue publicado por la revista The Lancet Child & Adolescent Health.
La directora del departamento de Salud Sexual y Reproductiva de la OMS, la ghanesa Pascale Allotey dijo, al presentar el estudio, que “la violencia infligida por la pareja íntima empieza a una edad alarmantemente temprana para millones de mujeres jóvenes de todo el mundo”.
Un dato revelador es que, contrariamente a lo que puede suponerse, en la mayoría de las regiones del mundo, la prevalencia de la violencia de pareja en el último año era mayor entre las adolescentes que entre las mujeres de 15 a 49 años.
La información pone al descubierto las relaciones abusivas que suelen estar presentes en un porcentaje importante de los noviazgos jóvenes. El hecho es preocupante además porque, aunque no imposible, es muy difícil que el adolescente que ejerce la violencia de género deje de hacerlo en la edad adulta. Se requiere, en consecuencia, poner énfasis en crear conciencia de la necesidad de relaciones sanas desde edades tempranas. Y, para aquellos que ya son abusivos en la adolescencia, estrategias de abordaje multidisciplinario para la recuperación de buenos hábitos en el futuro al momento de tener relaciones de pareja.
Por otra parte, la violencia de género en la adolescencia genera secuelas duraderas que, por cierto, exceden el daño físico del momento. El informe de la OMS establece que entre los principales efectos que puede tener se encuentran una mayor probabilidad de depresión, trastornos de ansiedad, embarazos no deseados o enfermedades de transmisión sexual, así como otras muchas afecciones físicas y psicológicas.
El estudio no es solo descriptivo. También ofrece pautas a seguir para abordar el problema de raíz. Propicia la puesta en marcha de políticas y programas que incrementen la igualdad de género, lo que se traduce en garantizar la educación secundaria para todas las niñas, asegurar la igualdad de género en los derechos de propiedad y poner fin a prácticas nocivas como el matrimonio infantil.
El estudio subraya también la “urgente” necesidad de reforzar los servicios de apoyo y las medidas de prevención precoz adaptadas a los adolescentes mediante, por ejemplo, programas escolares que eduquen a niños y niñas sobre relaciones sanas y prevención de la violencia.
