Reconsideraciones

La audiencia del Presidente Javier Milei con el Papa Francisco generó más expectativas que cualquier otra por los mismos precedentes que habilitan una lectura positiva de la gestión libertaria ya cumplido el trámite.

Milei había llegado a calificar al líder de la Iglesia como el “representante del Maligno en la tierra” y no se privó en los días previos a la entrevista, durante su paso por Israel, de ratificar una postura geopolítica diametralmente opuesta a la del Vaticano en lo que se refiere al conflicto palestino-israelí, con la decisión de trasladar la embajada argentina de Tel Aviv a Jerusalén.

El historial de agresiones rabiosas, el extremismo ideológico capitalista y los desatinos diplomáticos de Milei alimentaron entre sus antagonistas ensoñaciones de algún reproche por parte del Sumo Pontífice.

El campechano estilo que el Papa le dedicó al Presidente acentuó aún más la decepción de quienes se ilusionaban con un desplante.

Todas las conjeturas sobre el alcance del encuentro prefieren por conveniencia omitir un dato central: cualquiera sea la opinión que se tenga del Papa, la sutileza de su inteligencia política es innegable. Por algo es Papa.

Era tan absurdo suponer que concedería una audiencia a Milei solamente para cobrarse una revancha por agravios personales, como lo es presumir ahora que el carácter distendido de la recepción y la extensión de la entrevista que tuvieron en privado –más de una hora- implica un espaldarazo a su gestión.

Menos aventurado es conjeturar que el Papa piensa que los desencuentros que aquejan a su país no necesitan aumentar profundidad atribuyéndole mayor importancia a los dislates presidenciales, y que lo mejor que podía hacer en lo inmediato era contribuir a cerrar al menos un frente de conflicto.

Suficiente agresividad cunde en la disputa nacional como para que el Papa le añadiera su ego herido y encima fuera a buscar reparaciones mezquinas nada menos que en la canonización de Mama Antula, primera santa argentina ¿Qué clase de líder mundial hubiera sido?

Francisco no podía desconocer el impacto que cualquiera de sus gestos tendría en una fauna política tan dispuesta a sacar ventaja de todo, de modo que recibió a Milei como correspondía y luego el Vaticano emitió un comunicado muy sobrio sobre el acontecimiento.

El parte destacó las “buenas relaciones entre la Santa Sede y la Argentina y el deseo de reforzarlas aún más”.

“A continuación, se detuvieron en el programa del nuevo Gobierno para enfrentar la crisis económica. En la continuación de la conversación, se abordaron varios temas internacionales, en particular los conflictos actuales y el compromiso por la paz entre las naciones”, informó el Vaticano.

Tal vez el Papa apueste a que su influencia espiritual pacifique el irascible carácter del Presidente y lo induzca a contemplar alternativas de gestión política más constructivas que la defenestración de todo aquel que ose expresar opiniones diferentes a las suyas.

“Reconsideré algunas posiciones y, a partir de ese momento, comenzamos a construir un vínculo positivo”, dijo el Presidente tras su encuentro con Francisco, en un reportaje que le hicieron en el programa de TVi italiano «Cuarta República».

Después reincidió en las descalificaciones indiscriminadas a todos los políticos como “lo peor de la sociedad”, pero podría ser que las reconsideraciones se le den por partes y en el retorno a la Argentina reflexione sobre las posibilidades que se le abrirían al país si aportara desde la Presidencia a un debate menos mesiánico, más sensato.

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