Editorial
El mundo enfrenta nuevos desafíos ante la caída de la natalidad y Catamarca no está exenta. Al margen de las políticas que pueda sugerir la flamante Comisión creada por la Provincia para intentar revertir una tendencia que avizora cada vez menos nacimientos en los próximos 20 años, esto implica una transformación estructural que obliga a repensar la obra pública, abandonar la lógica expansiva y adoptar criterios de selectividad, adaptabilidad y productividad. Cuando una sociedad deja de crecer y envejece, construir “más” deja de tener sentido. Importa construir mejor, con visión de largo plazo.
Uno de los ejes a repensar es la educación. Las escuelas nuevas pensadas para matrículas crecientes parecen no tener sentido. Los especialistas mencionan que la infraestructura educativa debe orientarse hacia un esquema “reconvertible”: aulas que puedan transformarse en centros de formación laboral, espacios que alternen entre uso educativo diurno y capacitación de adultos por la tarde.
En salud, el cambio es aún más dramático. Menos nacimientos implican menos partos; el envejecimiento poblacional exige más atención a enfermedades crónicas, rehabilitación, salud mental y cuidados prolongados. Los centros de atención integral al adulto mayor, la infraestructura para cuidados de larga duración y la atención domiciliaria deben ser prioridad.
Catamarca debe evitar el error estructural de aplicar el mismo menú de obra pública de una provincia joven para una provincia que envejece.
Aquí aparece otro desafío crítico: el sostenimiento de la caja previsional y la obra social. Nace menos gente y se vive más tiempo. La ecuación es alarmante: menos aportantes activos deben financiar más años de jubilaciones y más prestaciones médicas costosas. Sin correcciones estructurales, el sistema colapsa.
La vivienda también cambia de lógica. Hogares más pequeños, más personas solas o parejas sin hijos, adultos mayores que necesitan cercanía a servicios. La infraestructura urbana deja de acompañar el crecimiento para evitar el deterioro. Con población estancada, expandir redes es caro e ineficiente. Las prioridades pasan por eficiencia, accesibilidad universal y espacios públicos pensados para una sociedad que envejece.
Es crucial reconocer que la tasa de natalidad no podrá revertirse rápidamente. Hay factores culturales profundos en juego: cambios en las aspiraciones de las mujeres, postergación de la maternidad, costos económicos de criar hijos. Cambiar esta tendencia podría llevar décadas, si es que se revierte. Por eso la planificación no puede esperar milagros demográficos.
Catamarca debe evitar el error estructural de usar el mismo menú de obra pública de una provincia joven para una provincia que envejece. Eso genera infraestructura subutilizada, gasto rígido creciente y conflictos políticos futuros. La obra pública debe ser flexible, priorizar calidad y reconversión, apuntar a productividad y pensarse en un horizonte de 25 a 40 años. No en el próximo corte de cinta.
