EDITORIAL
La información de que en Catamarca no hay muertos por COVID-19 desde hace más de un mes, que en abril solo se registraron 36 contagios o que solo quedan 15 casos activos, pasó casi inadvertida, cuando cualquiera hubiese supuesto no hace mucho que noticias como éstas serían motivo de festejos y alivio generalizado. Ocurrió lo señalado porque para la inmensa mayoría de la sociedad la pandemia ya es parte del pasado. La vida cotidiana está regida por los hábitos de la prepandemia. Lo único que se mantiene, en una escala mucho menor, es el uso del barbijo en determinados lugares cerrados.
Sin embargo, los expertos salieron a advertir en las últimas horas que no hay que bajar los brazos y que existe “preocupación” por un aumento de casos de la enfermedad que no está siendo registrado. El infectólogo Hugo Pizzi, integrante del comité que asesora al Gobierno nacional sobre la pandemia, recordó que en los próximos meses, con bajas temperaturas, el riesgo de que se multipliquen los contagios aumenta considerablemente.
La recomendación básica sigue siendo la misma: vacunarse. Las vacunas se han mostrado muy eficaces para disminuir el riesgo de enfermar gravemente o morir, de modo que no hay razones para dejar de lado este método preventivo solo porque el virus circula menos que el año pasado para esta misma época. De todos modos, el ritmo de inoculación ha caído drásticamente, pese a que sobran vacunas. Según el Monitor Público de Vacunación, durante enero se vacunaban, en promedio, alrededor de 400.000 personas por día, con un pico de 567.000 el día 7 de enero. En abril, es decir, apenas tres meses después, el promedio por día no llegó los 100.000, con un pico de 113.000 vacunados el 29 de abril.
Argentina ostenta uno de los porcentajes de vacunados más altos del mundo. La primera dosis la recibió el 90 por ciento de la población. Pero luego los porcentajes bajan. La segunda dosis la recibió el 82 por ciento y la tercera el 46 por ciento. Cuando ya hay un sector de la población que está recibiendo la cuarta dosis, hay alrededor de 20 millones de argentinos que, habiéndose puesto la primera dosis, no se puso la tercera. Mientras tanto, advierte Pizzi, hay partidas de vacunas que se están venciendo.
Que las vacunas se venzan es un hecho que debe evitarse reforzando nuevamente las campañas convocando a la gente que complete el esquema de vacunación. Y, si aun así las dosis sobran porque la gente no está dispuesta a continuar vacunándose, las propias autoridades de Salud de nación y provincias deberían prever los mecanismos para donarlas a naciones que carecen en cantidades suficientes para vacunar, incluso las primeras dosis. Argentina ya ha donado hasta el momento más de cinco millones de vacunas.
La pandemia no ha terminado, y no solo porque la OMS no haya decretado su fin sino porque sigue provocando en el mundo actualmente casi 600.000 contagios y más de 2.200 muertos por día. Vacunar y vacunarse sigue siendo la mejor estrategia para acabar con la pesadilla que ya lleva más de dos años.
