Estados Unidos busca recuperar su hegemonía mundial
Según Sullivan, las políticas neoliberales que impusieron la integración de la economía mundial tuvieron consecuencias no previstas inicialmente: el vaciamiento de la industria norteamericana y la competencia creciente con China, la cual vulnera las reglas del mercado. “La geopolítica” requiere ahora de una estrategia industrial capaz de impulsar a “sectores específicos que son el fundamento del crecimiento económico (…) y son de importancia estratégica desde una perspectiva de seguridad nacional”. Estos sectores “requieren de inversiones (…) (que) las empresas no son capaces de hacer” [2].
Así, el nuevo Consenso coloca a China en el centro de una política exterior que escala hacia un conflicto militar a corto plazo, impulsando la independencia de Taiwán [4] e imponiendo límites al avance tecnológico chino. Está en cuestión el control de recursos estratégicos naturales y tecnológicos que hacen al mantenimiento de la hegemonía mundial norteamericana y constituyen la base del desarrollo mundial en el futuro. Al tiempo que formula un nuevo Consenso, el gobierno norteamericano aumenta las operaciones militares conjuntas con la OTAN y países aliados en los mares que rodean a China, las visitas de altos funcionarios y el envío de material de guerra a Taiwán y las amenazas ante una posible invasión china, incluyendo la de volar TSM, el principal complejo industrial productor de semiconductores en Taiwán, si China invade la isla [5].
Asimismo, en la asamblea de la AmCham, el foro empresarial norteamericano en la Argentina, el titular de la Corte Suprema encontró una oportunidad para advertir sobre “la expansión incontrolada de la moneda” y la relevancia “de preguntarse en este contexto (…) si además de ser la Constitución Nacional un programa de gobierno, también es un programa económico. La respuesta es sí y las bases (..) .que tiene la Constitución es el capitalismo (…) Si se quiere otro sistema, hay que reformar la Constitución” [25]. Pareciera que la emisión monetaria puede ser considerada anticapitalista y judiciable, una interpretación que seguramente suena como música en los oídos del Fondo Monetario Internacional (FMI) y de los que reclaman mayor ajuste fiscal. Así, una Corte cuya corrupción se expone a diario en las denuncias que se ventilan en la Comisión de Juicio Político del Congreso, pasa ahora mensajes advirtiendo sobre su capacidad de desestabilizar políticamente en los meses que vienen.
