EDITORIAL
El retorno a las clases presenciales masivas en las escuelas ha restaurado problemáticas que llevan muchos años en el ámbito educativo y que pueden haberse potenciado luego de dos años de un dictado irregular, en el que ha predominado claramente la virtualidad. Una de ellas es el denominado bullying.
El acoso escolar es habitualmente abordado desde la perspectiva de la competencia del sistema educativo para intervenir en materia preventiva. Se han diseñado protocolos de actuación y tanto directivos como docentes y personal no docente reciben -o deberían recibir- capacitaciones respecto de cómo actuar en este tipo de situaciones. Pero menos se habla del rol de las familias de los chicos en edad escolar y que pueden ser víctimas, pero también victimarios, de bullying.
En lo que respecta a los niños que son víctimas de la violencia escolar, que puede ser física, psicológica y hasta sexual, los especialistas aconsejan, en primer lugar, no naturalizarla. Es imprescindible que los chicos sepan que no son “cosas que pasan” y que “hay que aguantar”. El Equipo ABA (Anti Bullying Argentina) elaboró un listado de orientaciones o sugerencias, como por ejemplo aprovechar las situaciones diarias para hablar sobre el tema; tener una comunicación fluida con el niño, la niña o el adolescente que incluya hablar de la problemática aunque no con alusiones personales directas; practicar la escucha activa y escuchar sin juzgar. Es muy necesario también que los chicos sepan que pueden contar con la ayuda de sus padres o familiares.
Pero, ¿qué pasa con los niños o adolescentes acosadores? “El niño o niña que en un grupo cumple el rol de acosador, puede ser víctima de violencia en otro espacio; a su vez una víctima puede tomar el rol de acosador en otro ámbito. El núcleo familiar influye sobre manera en la forma que ellos se vinculan y forman lazos con el otro”, reflexiona Mauro Moyano, psicólogo e integrante de diversos equipos interdisciplinarios en educación en una columna publicada por la agencia Telam.
Si bien los problemas intrafamiliares pueden ser determinantes, también influyen factores que están fuera de ese ámbito. Por tal razón, los padres de los chicos acosadores deben estar atentos a todas las situaciones que viven, y tener a su vez un diálogo permanente con los docentes para conocer las actitudes que asumen en la vida escolar.
Es clave, señala Moyano, el mensaje que los chicos reciben en la casa: se debe fomentar el buen trato hacia los demás, respetando la diversidad y aceptándolas como parte de la singularidad de cada persona.
Pero no solamente es vital lo que los chicos escuchan en sus hogares, sino lo que sus referentes familiares mayores hacen en sus vidas cotidianas, pues se aprende más por imitación que por los discursos que se les imparte.
El bullying, que se manifiesta en el ámbito educativo, tiene raíces que se extienden mucho más allá de la escuela.
Fuente: El Ancasti
