La horca energética

La profundidad y celeridad de un ajuste ejecutado desde el orden nacional sin contemplaciones y sin considerar acabadamente sus consecuencias en el funcionamiento de la economía y la calidad de vida de la sociedad en general, tiene como correlato la desconexión y el caos de las políticas paliativas que van generándose sobre la marcha, a medida que los problemas van apareciendo.

Un ejemplo fresco de esto es lo ocurrido con la liberación de los aranceles de la educación privada, que en el caso de Catamarca tuvo un techo del 80%. El presidente Javier Milei aseguró en una entrevista que las familias que no estuvieran en condiciones de afrontar el costo de las cuotas tenían a disposición un programa a cargo de la ANSES, organismo al que debían dirigirse en coordinación con el colegio correspondiente para obtener el auxilio estatal.

Tal vez Milei, de tan ocupado que está, suponía que la asistencia estaba en funcionamiento, pero la aseveración era falsa. Recién ayer se lanzaron los célebres “vouchers” educativos para asistir a alumnos de establecimientos de los niveles inicial, primario y secundario con una subvención del 75% o más y una cuota que no supere los 54.396 pesos. O sea: recién se pensó en la solución cuando el problema estalló.

Del mismo modo las provincias tuvieron que comenzar a rascar en sus presupuestos para cubrir con fondos propios subsidios al transporte y enterar salarios docentes con recursos propios.

La próxima crisis es la de las tarifas de energía, con el incremento de los precios de generación y transporte que las distribuidoras trasladarán a los usuarios, al tiempo que actualizan su tarifa por distribución, que tiene un impacto menor en la boleta.

La suba de las tarifas obedece a la eliminación de los subsidios a la energía, en el marco de la política de erradicación del déficit fiscal que el Gobierno nacional lleva adelante a rajacincha.

Que se haya contemplado un sistema gradual para los usuarios residenciales pero no para los usuarios no residenciales marca el grado de improvisación general del ajuste.

Las subas para este sector superan el 400%. Algunas provincias, como Córdoba, habilitaron el pago de las facturas en cuotas. Se viralizó velozmente por las redes el video de un carnicero de Huinca Renancó que asistió a pagar el desmesurado costo del servicio con la plata en una carretilla.

El llamado “sinceramiento” de las tarifas de energía así diseñado tendrá un impacto brutal en el sistema productivo y el comercio, donde los costos en ese rubro son ya asfixiantes en un contexto de severa recesión que impide seguir sosteniéndolos y afrontar nuevas subas. Muchas actividades se tornarán directamente inviables, muchos comercios se verán obligados a cerrar o a restringir sus actividades, con las obvias repercusiones sociales que esto tendrá en términos de desempleo y crecimiento de la pobreza.

De marzo del año pasado a la fecha, el costo de la luz se ha incrementado un 362,68%.

Y en la estructura de costos de una pyme, la energía pasó del 40 al 75% de los salarios: 35 puntos más en un año, con un salto muy significativo en los últimos tres meses. Es una relación absurda y todavía faltan más “sinceramientos”.

Piénsese en lo que esto implica, por ejemplo, para comercios obligados a mantener la cadena del frío como las carnicerías, acechados por las bajas del consumo. O para los emprendimientos productivos que deben extraer agua de perforaciones como los que hay en Catamarca.

La horca energética se endurecerá en los próximos meses. Es una situación que a nadie puede escapar y plantea un desafío de primera magnitud para la Provincia en orden a atenuar sus indeseables efectos.

No hace falta esperar, como con los “vauchers” educativos, a que el colapso sobrevenga.

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