Falleció “Pepito” Coria, el hombre que inspiró un himno catamarqueño

Adiós a una leyenda
El folclore provincial está de luto tras la partida del cantor que motivó a Atuto Mercau Soria a escribir «Cantale chango a mi tierra». Su encuentro fortuito en 1967 marcó un hito en el cancionero popular.
La música de Catamarca despide hoy a una de sus figuras más emblemáticas: José Argentino “Pepito” Coria. El reconocido intérprete falleció este sábado, dejando un vacío inmenso en el ámbito del folclore, pero un legado inmortalizado en los versos de una de las piezas musicales más representativas de nuestra tierra.

Coria no solo fue un cantor, sino que se convirtió en la inspiración de Atuto Mercau Soria. Fue su voz y su sentir los que inspiraron la creación de «Cantale chango a mi tierra», una zamba que con el tiempo se transformó en un himno de identidad para todos los catamarqueños.

La historia de esta composición, registrada formalmente en SADAIC el 21 de agosto de 1969 con música del gran Polo Giménez, tuvo un origen casi cinematográfico. Se remonta a 1967, durante la primera edición de la Fiesta Nacional del Poncho.

En una entrevista a El Esquiú en 2017, el propio Coria recordaba con emoción aquel momento: con apenas 17 años, tras actuar en el festival, se dirigió al bar «El Lazo» (ubicado en la entonces Manzana de Turismo). Allí, sin saber que el autor lo escuchaba, interpretó una zamba de Mercau Soria.

«Recuerdo que se acercó a nuestra mesa y fue allí cuando me dijo que iba a componer un tema dedicado a mí», relataba «Pepito». «Al rato me llamó a su mesa y me pidió que escuchara: ‘Cantale chango a mi tierra, con todita tu alma, con toda tu voz'».

La promesa de Atuto se cumplió con una rapidez asombrosa. Al día siguiente, en un almuerzo familiar, le entregó la letra completa, asombrando al joven Coria por la profundidad de lo escrito en tan pocas horas.

Aunque su carrera sufrió un paréntesis debido a una operación de garganta tras participar en las tres primeras ediciones del Poncho (1967, 1968 y 1969), Coria regresó tiempo después a los escenarios, manteniendo siempre viva la esencia del canto tradicional.

Para «Pepito», haber sido parte de esa obra maestra —fruto de la unión creativa entre Mercau Soria y Polo Giménez— representaba su mayor orgullo. «Fue una historia simple y cortita, pero extraordinaria a la vez», definía con la humildad que lo caracterizó siempre.

Hoy, Catamarca llora al hombre, pero la zamba seguirá sonando en cada rincón de la provincia.

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