Aferrado a un necio dogmatismo del que espera obtener réditos electorales, el gobernador Axel Kicillof le hizo perder a la Provincia de Buenos Aires entre 30.000 y 50.000 millones de dólares que YPF y la petrolera malaya Petronas invertirán en el proyecto «Argentina LNG» para el desarrollo del Gas Natural Licuado (GNL), con procesamiento, transporte y licuefacción del gas que sale de Vaca Muerta.
Insólito. Las firmas estaban decididas a invertir en Bahía Blanca, que tiene su puerto desarrollado y activo y era hasta ahora el destino natural de desembolsos de tamaña envergadura, pero la reticente posición de Kicillof ante el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), contrapuesta a la vertiginosa adhesión al sistema que promovió el gobernador de Río Negro Alberto Weretilneck, las hizo desistir y volcarse por la localidad rionegrina de Punta Colorada, frente al Golfo San Matías, donde se instalará la planta a partir de 2031. Hasta entonces, se colocarán allí dos barcazas que funcionarán como unidades flotantes de licuefacción.
El daño provocado a los bonaerenses por su mandatario es inconmensurable.
El proyecto “Argentina LNG” se extenderá durante seis años, con todo lo que eso significa en términos de generación de empleo y riqueza. Bahía Blanca queda en la cuneta, Punta Colorada ingresa en un período de progreso y prosperidad.
Weretilneck vio el hueco y aprovechó la falta de reacción de un competidor incapaz de desafiar los delirios ideológicos del kirchnerismo en el que abreva. Los gobernadores patagónicos lo respaldaron decididamente en la pulseada, mientras Kicillof desestimaba hasta la presión del intendente peronista de Bahía Blanca, Federico Susbielles, que veía escapar bajo sus narices una oportunidad histórica.
El grado de estupidez de Kicillof surge palmario del informe de una consultora estadounidense “Arthur D. Little”, contratada por YPF y Petronas para evaluar las condiciones técnicas y económicas de Bahía Blanca y Punta Colorada.
La comparativa del consultor Alberto Cisneros Lavaller, presidente y CEO de “Global Business Consultants” (GBC), otorgaba ventajas nítidas a Bahía Blanca. Pero la aplicación sin titubeos del RIGI en Río Negro fue determinante. No solo por las ventajas fiscales, sino también, y quizás sobre todo, por la prórroga de jurisdicción que establece que cualquier diferendo legal debe resolverse en la justicia de Nueva York o en el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI) del Banco Mundial, y no en la Argentina. Consecuencias de la desconfianza que el país supo construir en décadas de arbitrariedades que lo han convertido en un paria de los mercados.
Corresponde de todos modos destacar la coherente línea de conducta de Kicillof. Les toca ahora a los bonaerenses padecer los perjuicios que infirió al país en calidad de viceministro de Economía de Cristina Kirchner con la ruinosa reestatización de YPF, debido a la cual el Estado argentino fue condenado a pagar nada menos que 16 mil millones de dólares a los fondos que compraron los derechos para litigar al clan Eskenazi, casualmente introducido en la petrolera nacional por Néstor Kirchner.
El currículum del gobernador bonaerense habilita valorarlo como un experto en desastres, de los que al parecer se siente tan ufano que aspira a continuarlos desde la Presidencia de la Nación.
Después de la gauchada que les hizo, es probable que coseche muchos votos entre los rionegrinos. También han de estarle muy agradecidos los fondos que ganaron el juicio de los 16 mil millones de dólares por la expropiación del 51% de las acciones de YPF, acaso expectantes por las nuevas posibilidades de negocios que podrían abrírseles en una eventual Presidencia de tan perseverante fenómeno de incompetencia.
