EL MIRADOR POLÍTICO
La campaña de Sergio Massa se ve afectada en la atropellada final hacia el balotaje por la renuencia de la estructura que le permitió remontar la derrota de las PASO y ganar la primera vuelta siete puntos por encima de Javier Milei.
Menos la Presidencia, todo el esquema institucional para la etapa que se iniciará el 10 de diciembre quedó establecido en octubre. Massa carece para la definición del empuje que proporcionó a su figura la sinergia generada por las candidaturas de Unión por la Patria al Congreso y a los cargos provinciales y municipales en los distritos que votaron en simultáneo con la Nación, que incluyeron multitudes de legisladores y concejales. La necesidad de retener y ganar casilleros parlamentarios, además, comprometió a los gobernadores que habían desdoblado sus contiendas locales.
La intensidad de los estímulos para complicarse con el destino de Massa remite rumbo al balotaje. La solidaridad militante se tamiza con el cálculo, la insidia de las internas y los rencores contamina el ambiente.
Son problemas que Milei no tiene, porque el diseño libertario se cimenta exclusivamente en el culto a su personalidad. Se nutre de un electorado que solo le responde a él.
A diferencia de Massa, que para colmo carga el lastre de su gobierno fallido, Milei no necesita que lo sostengan y empujen desde abajo porque es él quien tracciona desde arriba. Esta prescindencia de las estructuras clásicas de la política lo exime de asumir compromisos. Es una ventaja objetiva a la que sumó el respaldo de Mauricio Macri, que según dijo es “incondicional”.
Hay que prestar atención a este concepto. La incondicionalidad podría ser impostada, como se apresura a suponer el peronismo, o podría significar que Macri contribuye a las posibilidades de triunfo de su circunstancial aliado sin asumir responsabilidades sobre los resultados de la eventual gestión.
Si se considera lo que Milei se propone hacer, conviene no descartar la hipótesis: los costos políticos de un fracaso o un ajuste brutal correrán por su cuenta y Macri, sin cargo en el gabinete, quedará en una posición más cómoda para despegar de un desmadre, incluso repudiarlo si entiende que lo beneficia. Su falta de pruritos para sacrificar colaboradores si las circunstancias lo demandan está probada.
Gran material para las conjeturas: ¿podría convertirse Milei en insumo de la estrategia de retorno de Macri? Es muy distinto ser máscara que ser insumo.
El caso es que Massa se ve obligado a redoblar esfuerzos para movilizar un ejército de gobernantes y dirigentes que ya tienen su cuota de poder en el buche y actúan con la lógica especulativa del avaro. De ahí la intensidad en ascenso del oneroso “plan platita”, que apunta a establecer una empatía directa, sin intermediarios, con el electorado.
Reverdecer de la grieta
En el contexto descripto, los cortocircuitos en la estructura libertaria que provoca la intervención de Macri y sus equipos son inocuos. El voto es a Milei, no a sus legisladores o posibles funcionarios. Macri le suma para revertir el estancamiento en el 30% de las primarias en cualquier caso. Nadie va a cambiar su preferencia libertaria por la deserción de los propietarios de un par de sellos. Se revelan como casta, en definitiva.
Aparte de profesionalizar la campaña con la suavización de los perfiles más atemorizadores de Milei y la invisibilización de sus propuestas más excéntricas, la presencia de Macri aporta a la restitución de la grieta kirchnerismo/antikirchnerismo.
El reverdecer de la vieja fractura interpela a Massa, quien no puede terminar de desmarcarse del kirchnerismo con el énfasis que quisiera no solo porque es candidato de una alianza de la que el kirchnerismo forma parte y ministro de Economía y presidente de facto de un gobierno implosionado. Lo más importante, y angustiante para él, es que le resulta imprescindible la colaboración del reelecto gobernador de la populosa provincia de Buenos Aires Axel Kicillof, ultrakirchnerista que, como todo el resto, ya tiene garantizada su poltrona cualquiera sea la identidad del futuro presidente.
Más incertidumbres, por si hicieran falta: ¿cuánto entusiasma al kirchnerismo una victoria de Massa?
Déficit central
Milei, sin embargo, sigue siendo Milei por mucho que Macri le modere el carácter para tratar de ganar. Si llega, el Presidente será él. Entre la dolarización, el cierre del Banco Central, la reducción de todos los aspectos de la realidad y la existencia a las lógicas del mercado y una frondosa gama de extravagancias, relumbra la ausencia de un proyecto para el interior del país alternativo a la derogación del régimen de coparticipación federal y el corte de los giros desde la Nación a las provincias.
Esta deficiencia es central, porque Milei se concentra en el área metropolitana bonaerense y Macri es porteño y retendrá el control de CABA con su primo Jorge en la Jefatura de Gobierno.
Por eso no es extraño que los más inquietos por la eventual llegada del libertario sean gobernadores de provincias históricamente postergadas, a las que los aportes del tesoro nacional les permitieron desarrollar programas de inversión pública de gran envergadura.
El gobernador Raúl Jalil y su colega salteño Gustavo Sáenz se sumaron esta semana a las advertencias que hicieron en su momento el riojano Ricardo Quintela y el jujeño Gerardo Morales, que es radical: la interrupción del flujo de recursos nacionales que Milei promete comprometería el pago de salarios a la administración pública, señaló.
Es cierto que eliminar la coparticipación federal, como pretende Milei, resulta prácticamente imposible en lo inmediato porque exige el consenso no solo del Congreso sino también de cada una de las Legislaturas provinciales. Pero el problema no es la coparticipación, sino todo el multimillonario resto, sea discrecional o de asignación específica.
Son miles de millones de pesos nacionales que financian obra pública estratégica y permiten liberar recursos provinciales para otros fines. El impacto que tendría su restricción en la actividad económica de Catamarca sería catastrófico. Solo hay que pensar qué ocurriría con los sectores vinculados a la construcción.
Podrán tenderse sospechas razonables sobre el modo en que el Gobierno administra sus fondos, pero no puede negarse que, sin los aportes nacionales, le resultará imposible seguir financiando programas como los descuentos del Días de Ensueño, los préstamos a tasa subsidiada de las cajas de crédito provincial y municipales, el apuntalamiento a la industria, el comercio y el turismo, los subsidios a las tarifas de los servicios.
Es todo un sistema el que entraría en crisis, no solo los sueldos.
Necesidades concurrentes
Desde esta perspectiva, las necesidades políticas de Massa son consistentes con los intereses provinciales.
Massa sí necesita cerrar compromisos con el interior y sostenerlos para una construcción posterior. Milei no, porque la gente lo vota independientemente de cualquier referencia territorial.
En Catamarca, Milei obtuvo el 22 de octubre 30 mil votos más que su candidato a gobernador, José Jalil Colomé.
El voto en blanco de la categoría gobernador, que fue del 21% y se ubicó como segunda fuerza, se redujo dos tercios en la categoría presidencial, donde quedó en 7%.
Del otro lado Massa sacó menos votos que Raúl Jalil: 42,8% contra 54 del gobernador reelecto. La tracción del esquema provincial, con Gustavo Saadi en Capital y los intendentes del interior, fue clave.
El dato más significativo a considerar, sin embargo, es otro: entre Milei, Patricia Bullrich y Juan Schiaretti, el voto contrario a Massa trepó en la provincia al 55,5%.
Se entiende la preocupación de Jalil por la apatía de la estructura que ganó las generales. Es como si el oficialismo ratificado en las urnas no percibiera el riesgo que para su proyección política incuba una victoria del libertario en el mano a mano con Massa.
En contraposición, la oposición diezmada comienza a ver en La Libertad Avanza la posibilidad de una módica revancha y se relame con la perspectiva de las eventuales cajas nacionales: ANSES, PAMI, Vialidad Nacional, Desarrollo Social.
Otra arista a tener en cuenta es la inserción alcanzada por Catamarca en el esquema nacional, que también se diluiría. Además de acceso aceitado a los despachos, tiene la Secretaría de Minería, con Fernanda Ávila, y recuperó después de un cuarto de siglo, con Fernando Jalil, la presidencia de YMAD, firma que se reempinó desde la cornisa de la quiebra en que la había dejado el presidente designado por Macri, Santiago Albarracín, que la sometió a un gerencia de vaciamiento.
Hoy es el debate, queda una semana para el round final.
Fuente: El Ancasti
