En la extensa ampliación de su indagatoria, Edgar Adhemar Bacchiani ofreció elementos sólidos para orientar a los investigadores en la búsqueda del botín de las criptoestafas. Por afuera del misterioso y hasta ahora inasible universo de las cuentas virtuales, ofreció detalles de millonarias transacciones de bienes inmobiliarios que se produjeron después de que él cayera en prisión y marcó a cuatro operadores de las maniobras: los abogados Lucas Retamozo y Carlos Correa, la escribana Joaquina Córdoba Gandini y su expareja y socia Celeste Zaraive Garcés Rusa, con quien tuvo un hijo.
El “trader” se colocó en posición de víctima de una gigantesca “mejicaneada” que se habría cumplido en dos etapas.
Primero, cuando empezaron a asomar los primeros indicios del colapso que se avecinaba con el retiro de los inversores más fuertes, sus socios y colaboradores de Catamarca, Córdoba y Tucumán habrían saqueado los fondos de Adhemar Capital y tomado depósitos que nunca ingresaron a la firma.
En el segundo paso, ya en cesación de pagos, Retamozo y Carlos Correa se habrían apoderado del cuantioso patrimonio de Bacchiani con el pretexto de indemnizar a los acreedores para finalmente, con la colaboración de Córdoba Gandini y Garcés Rusa, despojarlo.
El único integrante del cuarteto de traidores señalados por el financista que no está imputado en la causa es Carlos Correa, quien solo declaró como testigo. Bacchiani lo sindicó como el engranaje principal en las maniobras para robarle propiedades que, asegura, pretende recuperar para cumplir con los inversores defraudados.
El “trader” aseguró que Correa lo amenazó con apelar a influencias que tendría en la Justicia para obligarlo a entregarle propiedades.
“Te voy a dar un consejo –contó Bacchiani que le dijo-: yo sé que estás vendiendo propiedades para (obtener) liquidez, así que te sugiero que nos des los papeles. Yo los voy a poner a nombre de personas que son intocables de aquí de Catamarca, y si en algún momento necesitamos liquidez, me voy a hacer cargo de liquidar esas propiedades y ponerlas a disposición tuya, pero mientras tanto van a estar en mi poder y no a disposición tuya”.
Hasta ahí, una actitud muy considerada del letrado, aunque cabría preguntarse sobre la identidad de estos “intocables” catamarqueños tan gauchos que lo ayudarían a mantener los bienes del cliente preso a resguardo.
Sin embargo, el amable cariz del asesoramiento profesional cambió abruptamente a continuación, con una advertencia exenta de subterfugios jurídicos: “Caso contrario –habría dicho Correa- te voy a hacer mierda”.
“Yo lo único que tengo que hacer es levantar el teléfono, hablar con la persona de extrema confianza que tengo en la Justicia Federal que está en mi pozo”, lo puso en autos.
Este Bacchiani sería muy ducho para el “tradeo”, pero tenía mal ojo para elegir amistades y colaboradores. Es el único miembro del clan que está preso en el penal.
Por supuesto, ahora la Justicia Federal tiene que discriminar paja de trigo y confrontar las aseveraciones del encartado con otras pruebas, pero el territorio a explorar se redujo significativamente: la escribanía de Córdoba Gandini, donde supuestamente se habrían refrendado las operaciones para desapoderar a Bacchiani de su patrimonio.
Aunque el “trader” mencionó una gran cantidad de inversores y “poceros”, el hilo rastro más claro de la rapiña conduce hacia allí. Los otros, también importantes, son más enrevesados.
Habría que ver qué contrapone Correa a la gravísima acusación que Bacchiani le ha hecho. Y en manos de quién quedaron las propiedades del financista.
Fuente: El Ancasti
