El dedo de Cristina

El diputado nacional Máximo Kirchner y el gobernador bonaerense Axel Kicillof se sacan los ojos para ser los favorecidos por el dedo de Cristina Kirchner. Tal vez resulte útil interrogarse sobre los méritos políticos que tiene cualquiera de los dos personajes para arrogarse el derecho de comandar el peronismo. No será necesario andar mucho para advertir que ninguno: lo único que han hecho es lucrar a la sombra de la reina madre. Ninguno de los dos sería nada de no ser por el madrinazgo de CFK.

¿A quién le ganaron, con qué galones reclaman acatamiento?

Sale al ruedo el hijo natural porque se siente amenazado por el hijo adoptivo en la disputa por las preferencias maternas, lo cual es indicativo: Axel y Máximo son instrumentos de una sola voluntad, terminales de una Cristina que no puede ya enfilar al peronismo en una estrategia común, meras máscaras como lo fue Alberto Fernández en su momento.

En un párrafo de su proclama para la antología de la desfachatez, Máximo habló de las críticas al «dedo de Cristina”.

«Porque ahora dicen ‘che, el dedo de Cristina’. Y yo la pregunta que me hago es si los que fueron señalados por el dedo de Cristina se quejan, qué nos queda a los que no hemos sido señalados por el dedo de Cristina y seguimos haciendo todo lo que hay que hacer», dijo.

“Los que no hemos sido señalados por el dedo de Cristina”… Se incluye entre los no elegidos, el tipo ¿Qué sería de él sin el dedo de su madre? ¿Quién lo atendería y le rendiría honores si no fuera el hijo de Cristina? Se pone al frente de una convocatoria a “armar de nuevo” desde tamaña insignificancia personal.

Kicillof, por su parte, fue seleccionado candidato a gobernador de Buenos Aires por Cristina Kirchner y es bastante obvio que hubiera perecido en el serpentario del ecosistema bonaerense si no fuera por la protección de su poderosa madrina, ahora reempinada por Javier Milei, que la eligió como antagonista mientras le esmerila dirigencia y electorado a Mauricio Macri.

El aspirante a heredero político cuestionó a los peronistas que no aguantan a su madre.

«Había muchos sectores dentro que no se la aguantan, que no se la aguantan a ella. Hay muchos adentro que no se la aguantan a ella porque no tiene miedo. Uno de los problemas que tenemos hoy en el peronismo es que hay muchos dirigentes con miedo y en vez de asumir ese miedo, prefieren… bué», dijo.

¿”Bué” qué? El razonamiento queda trunco.

Después desplegó la mistificación de moda: que Cristina estaba en condiciones de ganar las elecciones presidenciales de 2019 y desistió de candidatearse de puro generosa.

«Cristina estaba muy bien, pero muy bien en las encuestas y tomó una decisión. Esto sí que quiero que hagamos… porque muchos nos ponen en un lugar que no es cierto. Podrán, a fuerza de pauta y vaya a saber qué más, decir que nosotros somos siempre el factor de división. Por el contrario, que traigan a un dirigente que haya dejado su lugar para que hubiera unidad, como hizo Cristina en 2019», relató.

Es fantástica la apuesta a la estupidez general. ¿Por qué CFK no puso de candidato a Presidente en 2019 a Sergio Massa, que era un jefe político y había obtenido el 21% en las elecciones presidenciales de 2015, en lugar de a un operador carente de liderazgo como Fernández?

“Bué…”, contestará Máximo.

Son demasiados los cabos sueltos que deja la convocatoria a “armar de nuevo” del hijo, casi tanto como los de Kicillof, hijo adoptivo. Tal vez es por eso que los dirigentes del peronismo que no le deben lo que tienen a ningún dedo, son tan reticentes a involucrarse en las aventuras metropolitanas.

Para compartir: