El acecho de las redes

OPINIÓN
La Argentina permanece al margen del debate global sobre el impacto que tiene el uso intensivo de las redes sociales en la salud mental de niños y adolescentes. Dada la pasión libertaria por la utilización de estos dispositivos como instrumento de penetración política y el innegable éxito que ha alcanzado en tal campo Javier Milei, es improbable que el Gobierno vaya a estimular una discusión de este tipo, pero tampoco se advierte interés por promoverlo desde otros sectores.

Mientras, Australia ya implementó restricciones para menores de 16 años, Francia está cerca de sancionar una ley que prohíbe el acceso a menores de 15 y países como Dinamarca, Malasia, Noruega o Italia avanzan en regulaciones similares.

El incremento de patologías relacionadas con la baja autoestima y la obsesión con la imagen se ha disparado a niveles dramáticos, a edades cada vez más tempranas. El deterioro de las capacidades cognitivas debido a alteraciones neurológicas que se cronifican es inobjetable.

La información que llega en exceso, de forma rápida y sin profundidad, afecta directamente la capacidad del cerebro para razonar, interiorizar y almacenar nuevos contenidos. Disminuyen la memoria de trabajo y la competencia para filtrar información relevante, mientras aumenta la impulsividad y la distracción.

La UNESCO advirtió que el diseño adictivo de plataformas como TikTok, caracterizada por vídeos cortos, influye negativamente en la atención y los hábitos de aprendizaje, dificultando la concentración prolongada en tareas educativas.

En la Argentina, la discusión parlamentaria sobre el tema se circunscribe hasta ahora a la ludopatía infantil y adolescente, con un proyecto que obtuvo media sanción en Diputados en noviembre de 2024 y aguarda tratamiento en el Senado. La iniciativa regula las apuestas online y la publicidad de casas de apuestas, prohibiendo el acceso de menores de 18 años a estas plataformas. Es un avance frente a cifras alarmantes -el 16% de los jóvenes reconoce realizar apuestas online-, pero no aborda la cuestión más amplia del fenómeno de las redes sociales.

Esta omisión es consistente con la centralidad que las plataformas virtuales tienen en la estrategia comunicacional del gobierno nacional. Las redes sociales son la piedra angular de la gestión política de Milei, basada en una relación sin mediaciones con su electorado que complementa con incursiones presenciales como la que hizo en el festival de Jesús María y ahora en Mar del Plata, con otra edición del “Derecha Fest” en el marco de lo que denomina “Tour de la Gratitud”.

El Presidente, que se define como un «animal de redes sociales», rechaza explícitamente la mediación periodística tradicional y promueve las redes como herramienta de «democratización» de la información frente al periodismo. Más de una vez ha enarbolado el teléfono celular como el arma que les permitió a sus Fuerzas del Cielo neutralizar las innumerables conspiraciones que, según dice, se alzaron en su marcha hacia la Presidencia y continúan amenazándolo.

Obviamente, el fenómeno de las redes sociales tiene también aspectos positivos, pero las proyecciones de los negativos son demasiado tenebrosas como para ignorarlas. La filosofía gubernamental de exaltación de las redes como espacio de libertad sin mediaciones –a la que por otra parte le entra tierra por todos lados- difícilmente pueda convivir con políticas restrictivas hacia su uso por parte de menores.

La contradicción se resuelve mediante el silencio. Simplemente no se discute y el resultado es un sistema ayuno de dispositivos para atender un problema de salud pública de primera magnitud.

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