Desacato impune

Si bien se inscribe en una tan rica como entrañable tradición de grotescos institucionales, en la crisis del Concejo Deliberante de Los Altos se distingue por el hecho de que la sostiene y retroalimenta un solo hombre, Carlos “Kiki” Olveira, contra la voluntad de la mayoría absoluta del cuerpo, el Gobierno provincial y la propia Corte de Justicia de la Provincia.

En su calidad de presidente del Concejo, desobedeció la sentencia de la Corte que le ordenó reincorporar a la concejala Isabel González, quien debió retomar su banca en una sesión realizada en el Salón de Usos Múltiples de Manantiales porque “Kiki” cerró el edificio del cuerpo con la excusa de desperfectos sanitarios. El resto de los concejales lo destituyó, en otra sesión realizada en el improvisado Anexo Manantiales, pero él no se aviene la decisión y amenaza con abrir un Concejo paralelo con los suplentes de sus némesis.

Obviamente, a Isabel González habrá que pagarle las dietas adeudadas desde octubre del año pasado. Y queda el cabo suelto de quien la suplantó, María Lobo Vergara, que si no está muy feliz de devolver el escaño, menos lo estará de devolver lo que cobró en un año.

El protagonista de semejante hazaña política forma parte de la familia que manejó los destinos de Los Altos desde su fundación en 2001, cuyas reyertas intestinas le dan un atractivo a la saga reíte de la serie “Succession”.

“Kiki” es primo del exintendente Rafael Olveira, a cuya caída, por motivos que se desconocen, contribuyó aliándose en 2021 con el actual intendente, Rafael Barot, con quien no tardó en desconocerse. Rafael venía al comando del municipio desde 2009, primero en representación del FCS y luego transfugado sin excesivos remilgos al triunfante peronismo. Perdida la intendencia, Rafael se recicló como punto índice del Gobierno.

La incorporación de Rafael le resulta inútil al Gobierno no solo para domesticar al primo “Kiki”. Tampoco pudo convencer el exintendente y asesor a su hermano Ricardo, que lo precedió en la Intendencia y vuelve al ruedo ahora como candidato a senador con la escudería Juntos por el Cambio.

Notable versatilidad, la del clan Olveira: un hermano en el Gobierno, otro en Juntos por el Cambio y el primo francotirador. Falta que aparezca alguno con la camiseta libertaria.

Como en tantos otros casos, el intendente perdió el control político de la situación y el Gobierno tuvo que intervenir para salvarle las papas. “Kiki” Olveira es responsabilidad directa de Raúl Barot, que conformó con él el frente comunal para batir a Rafael con votos del radicalismo.

El experimento toma un cariz riesgoso. Ricardo Olveira fue el precandidato a senador más votado en las PASO debido a los votos de Los Altos, porque en Bañado Ovanta ganó el peronismo, y sus intereses convergen ahora con los de su primo “Kiki”. El oficialismo podría perder la banca del departamento Santa Rosa.

Independientemente de la peripecia electoral, el gran interrogante es si “Kiki” Olveira sufrirá alguna penalidad por el aquelarre institucional que ha desencadenado con sus ocurrencias.

El desacato a la Corte, en su caso, se ha perfeccionado. No es como en Icaño, donde el clan Carletta dio largas a la incorporación de la concejala Ivana Ferreyra pero finalmente se allanó a la sentencia del máximo tribunal que reparaba una decisión política arbitraria.

Para acatar la sentencia de González, el CD alteño tuvo nada menos que destituir a su propio presidente, que encima continúa en postura insurgente.

Es un despropósito. ¿Quedará impune?

Fuente: El Ancasti

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