Con la diabla en las ancas Mandinga llegó, azufrando la noche lunar…”. Acaso inquieto por la vigencia de “La Salamanca”, célebre zamba de don Arturo Dávalos, el Arzobispo Mario Cargnello instituyó en la Iglesia de Salta el Ministerio del Exorcista y designó a los curas Loyola Pinto y de Sancristóval y Héctor Fernando Campero para la práctica.
“El demonio –argumentó Cargnello- sigue empeñado en alejar a las almas de Dios enviándolas, a través de la tentación, a pecar. Por eso podemos afirmar que ese es el peor de los males y causa de tantos otros. A esto se lo suele denominar acción ordinaria del demonio”.
“Además, el demonio puede actuar de forma extraordinaria a través de la infección de lugares, la vejación a personas y la más extrema, que es la posesión. Se le llama extraordinaria, no sólo por sus manifestaciones externas, sino por su poca frecuencia. Con el mandato de Cristo, la Iglesia, mediante el ministerio del exorcista, tiene el poder de expulsar los demonios de una persona poseída realizando el rito del exorcismo”, indicó.
Este Cargnello, que saltó al Arzobispado salteño tras hacerse fama en Catamarca, anduvo enredado hace poco en polémicas con las carmelitas del convento de San Bernardo, que llegaron a denunciarlo por violencia de género. Al parecer al arzobispo le disgusta el éxito obtenido por el culto de la “Virgen del Cerro”, al que las religiosas adhieren, aunque el trasfondo son litigios con la vidente María Livia Galliano, a la que la virgen se le apareció allá por los `90 y su marido, Carlos Obeid, que administra las donaciones a través de una fundación.
Aparte, los terrenos donde están enclaustradas las monjas le pertenecen al monasterio. Debido a la herejía del culto a la Virgen del Cerro, Cargniello consideró que las carmelitas iban a tener que mudarse.
Es así este Satanás, “empeñado en alejar a las almas de Dios”, hacer migrar fieles a la Virgen del Cerro, manejar fundaciones por interpósitas personas y facilitarles terrenos a monjas heréticas.
Acallada esta controversia, Cargnello vuelve a ganar titulares nacionales con el Ministerio del Exorcismo, que no es una repartición eclesiástica, como podrían suponer los laicos ignorantes, sino la potestad de expulsar diablos. Fuentes de la Conferencia Episcopal consignaron que se trata de una de las prácticas más antiguas que tiene la Iglesia.
“El obispo puede poner siempre a disposición un sacerdote para este tipo de funciones. En algunas se conoce el nombre del responsable y en otras no. Es algo bastante habitual”, señalaron.
De modo que la pregunta sería por qué Cargnello se preocupó por darle tanta difusión al asunto. Capaz cunda por los pagos salteños una hedentina a azufre más intensa que en el resto de los arzobispados y eso lo indujo a informar sobre la existencia de los servicios de dos exorcistas a los fieles a tiro de posesión satánica.
Uno no puede más que compadecerse de la suerte de los curas a los que les endilgó tamaña encomienda. Ya se sabe lo ducho que es el cristiano para sacudirse responsabilidades de lomo y el Diablo le viene al pelo para achacarle pecados. No vaya a ser que, con la publicidad que le dio el Arzobispo, les colapse el Ministerio y se vean obligados a crear secretarías, direcciones, jefaturas y puntos índice, encima desfinanciados por la Virgen del Cerro. De todo hay en la viña del Señor.
Menos mal que ya les indicó don Arturo Dávalos cuáles son los momentos más propicios para la captura infernal, cuando súcubos e íncubos se largan a tentar con el cebo de la fortuna, fama y poder, cosa de que se vayan organizando: “en las noches de luna se puede sentir a Mandinga y los diablos cantar”.
Fuente: El Ancasti
