Ciberestafas: roban $7.5 millones de la ferretería Bizzotto

OCURRIÓ LA SEMANA PASADA
Tras la denuncia, se ordenó el secuestro de una CPU de la empresa. La Justicia envió oficios a entidades bancarias.
Un nuevo caso de ciberestafa fue registrado la semana pasada, esta vez en una ferretería de la Capital, con un perjuicio de aproximadamente 7.5 millones de pesos.

Fuentes policiales y judiciales informaron que se trata de la empresa Bizzotto e Hijos SRL, con casa central ubicada en calle Prado al 500, y que por el hecho sus propietarios radicaron la denuncia penal correspondiente.

Se pudo conocer que la modalidad empleada por el o los estafadores es similar a la que se utilizó para estafar a la concesionaria de autos Jalil Automotores, por un monto estimado en 20 millones de pesos.

La denuncia recayó en la fiscalía de instrucción con competencia en Ciberdelitos N° 7, a cargo de Valeria Reyes, quien, entre otras medidas, solicitó enviar oficios a las entidades bancarias, el secuestro de una computadora de la empresa damnificada y la recepción de testimonios. De acuerdo con las pericias preliminares, la estafa fue perpetrada con la utilización de software especialmente creado para delinquir, con la modalidad de «phishing», que es el robo de información para la suplantación de identidad.

En principio, los delincuentes logran obtener información confidencial de los usuarios de un dispositivo electrónico en forma fraudulenta para apropiarse de la identidad de esas personas y finalmente realizar las estafas.

Los investigadores no descartan ninguna línea de investigación y mientras avanzan en la pesquisa, esperan otros resultados de las pericias informáticas de la computadora incautada, más que nada porque esas mismas pericias podrían acelerar el esclarecimiento del hecho.

En el caso de la estafa a la concesionaria Jalil, los estafadores habrían instalado un malware (software o código informático diseñado para infectar, dañar o acceder a sistemas informáticos), en una computadora de la empresa para acceder a la información sensible y concretar el robo de dinero.

Si bien existen varios tipos de malware y cada uno corrompe los dispositivos de forma distinta, todas las variantes son creadas para vulnerar la seguridad y privacidad de los sistemas informáticos, poniendo en peligro a la empresa y a terceras personas.

Hay variantes malware más sofisticadas que roban datos financieros y otra información confidencial para cometer extorsiones, robo de identidades y fraudes, entre otros delitos.

1.200 ciberestafas anuales
En el último año se registraron aproximadamente 1.200 ciberestafas en Catamarca. En este contexto, el fiscal general Alejandro Gober advirtió que es necesario «hacer verificaciones, ver los comentarios, la antigüedad en el sistema, la reputación del lugar del que uno está interesado, (porque) lamentablemente hay que ser muy desconfiado. Es necesario ver si los enlaces tienen el candado de seguridad o si los sitios fueron creados hace pocas horas o días, entre otras precauciones».

Remarcó además que a pesar de los avances tecnológicos y la renovación de recursos de las fuerzas de seguridad y de la Justicia, «los delincuentes siempre van adelante».

Por su parte, Ramón Páez, a cargo de la División de Ciberdelitos de la Policía, informó que son diversas las modalidades y que la mayoría es por llevada a cabo a través de Whatsapp, donde el ciberdelincuente tiene acceso al dispositivo y vacía cuentas virtuales o genera préstamos a nombre de sus víctimas.

Claves «token»
En cuanto a la estafa en la concesionaria, los peritos consideraron que una computadora que debió ser secuestrada fue atacada por un virus que al generar claves token por parte de la usuaria autorizada por la empresa, permitió al estafador tener acceso a las cuentas de la empresa.

Con los datos de las cuentas, transfirió cerca de 20 millones de pesos a una cuenta perteneciente a un vecino de la provincia de Buenos Aires.

Se trataría de una cuenta «mula», donde los maleantes depositan las divisas obtenidas ilegalmente para luego derivarlas a otras cuentas -inclusive radicadas en el extranjero-, para confundir a los investigadores.

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