Arquitectura para el saqueo

OPINIÓN
Entre tantos perjudiciales desencuentros que signan el derrotero político argentino, la perseverancia en la corrupción emerge como el más extendido de los consensos.

El cronista Oscar Centeno, chofer cuya obsesión por las bitácoras de viaje bautizó la “Causa Cuadernos”, vino a encontrar su epígono en el empresario Miguel Ángel Calvete, lobbista de laboratorios, actualmente preso por prostitución y pieza clave en el circuito de fraudes perpetrados en la Agencia Nacional de Discapacidad, cuyos apuntes cifrados son por estos días objeto de interpretaciones judiciales orientadas por un importante caudal de audios e intercambios de whatsapp.

Las causas «Cuadernos» y ANDIS exponen la corrupción sistémica, con funcionarios y empresarios en complicidad.

Pasadas las euforias electorales, vuelven a cobrar relieve las novedades del caso “Karina 3%”, emblema junto a la criptoestafa LIBRA de las matufias libertarias, mientras se discuten mecanismos para acelerar el juicio por los “Cuadernos” kirchneristas.

La inclinación por los asientos manuscritos de Centeno y Calvete es apenas un detalle pintoresco, como las rimas fáciles que podrían hacerse para describir la situación de Calvete, que está hasta las manos. Más reveladoras son las similitudes arquitectónicas.

El caso ANDIS replica, con diferencias de escala, el sistema que se juzga en la “Causa Cuadernos”: funcionarios y empresarios asociados para recaudar sobornos a cambio de contratos públicos.

De acuerdo al dictamen del fiscal Franco Picardi, entre julio de 2024 y agosto de 2025, una red de funcionarios y empresarios montó un esquema de compulsas reducidas dentro del programa PACBI, destinado a medicamentos de altísimo costo para enfermedades raras. Crearon dos circuitos paralelos: uno regular con hasta dieciséis droguerías compitiendo, y otro cartelizado con apenas cuatro empresas seleccionadas. El resultado fue una simulación de competencia donde dos empresas inflaban precios mientras las otras fingían participar sin ofrecer alternativas reales. Los sobreprecios alcanzaron el 2.300% y las adjudicaciones irregulares superaron los 48.000 millones de pesos.

La estructura en ambos casos es idéntica: jefes políticos en la cúspide, operadores intermedios y empresarios beneficiados en la base. En la Causa Cuadernos, Cristina y Néstor Kirchner son señalados como los líderes de la estructura junto a funcionarios clave como Julio De Vido y José López. En ANDIS, Diego Spagnuolo, amigo personal del presidente Milei, aparece como titular de la agencia, mientras Calvete actuaba como «jefe paraestatal» y operadores como Pablo Atchabahian articulaban las transacciones.

Falta corroborar si Karina Milei y el clan Menem estuvieron comprometidos en las maniobras, como sugieren los audios de Spagnuolo que originaron la investigación, pero a criterio del fiscal Picardi está comprobado que cuatro droguerías cartelizaron el mercado de medicamentos de alto costo con la complicidad de funcionarios. Los hermanos Kovalivker, de Suizo Argentina, son señalados como posibles coordinadores de la operación.

Tanto el kirchnerismo como el mileísmo, que llegó al poder con promesas de terminar con «la casta» corrupta, terminaron replicando estructuras de saqueo similares. La diferencia no está en los métodos sino en los sectores expoliados: uno saqueó la obra pública durante doce años, el otro apuntó a la discapacidad en menos de dos.

La Causa Cuadernos investiga un sistema que operó durante más de una década malversando fondos cuya magnitud exacta aún no se determinó. El caso ANDIS, en menos de dos años generó un perjuicio de casi 49.000 millones de pesos en un solo programa. Proyectado a la duración de los gobiernos kirchneristas, el ritmo de saqueo en ANDIS podría haber superado largamente las cifras de los “Cuadernos”.

Los arquitectos de acuerdos políticos de largo alcance pueden estar escasos, pero no faltan para el diseño y ejecución de estructuras montadas para garantizar el saqueo sistemático del erario.

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