Algo en que pensar mientras lavamos los platos
Por Rodrigo L. Ovejero.
De vez en cuando camino entre las góndolas de un supermercado y, en medio de mis cavilaciones cotidianas, acuden a mí las grandes preguntas, las que atañen a lo más íntimo y esencial de nuestra humanidad. Por desgracia, por detrás de ella no vienen las respuestas, pero en el camino del conocimiento es importante, al menos, encontrar las preguntas adecuadas. En este caso, me pregunté algunas cuestiones sobre los Reyes Magos, esos personajes año tras año dan un golpe mortal al bolsillo de los padres, ya debilitado por la navidad reciente.
Es por ello que propongo algunas modificaciones a la tradición de estos tres señores, para adecuarla a estos tiempos modernos. Quizás el Papa pueda llamar a un nuevo concilio y modificar las partes de la biblia pertinentes –a decir verdad desconozco si son personajes bíblicos, pero tengo fe en mí ignorancia-, para que la visita de los magos sea más cómoda y asequible (se han modificado partes de la biblia por mucho menos, seamos sinceros). Vamos, entonces, a realizar algunos apuntes sobre el tema.
En primer lugar es necesario dejar más tiempo entre las visitas de Papá Noel y los Reyes Magos. Se superponen, se anulan, no hay aguinaldo que aguante de esta manera. Si no van a pagar ellos por los regalos, será necesario al menos dos meses de descanso a la economía familiar para poder afrontar la generosidad de estos muchachos. No debería ser difícil acreditar este lapso de una manera histórica: es común esperar un tiempo prudencial para visitar a quienes han sido padres recientemente, y un breve pasaje de la biblia podría señalar “los reyes magos fueron a visitar al niño Jesús dos meses después de su nacimiento, para darles tiempo a María y José de descansar y acomodarse”.
Otra cuestión que me parece necesaria es dejar de resaltar el color de piel de Baltazar. En estos tiempos de acción positiva en contra de la discriminación resulta imprudente e innecesario, al menos, recordar a cada momento que es negro. Recuerde el lector la famosa canción que refiere “llegaron ya, los reyes eran tres, Melchor, Gaspar, y el negro Baltazar”. Me recuerda al infame título de una cadena de noticias que informaba que luego de un accidente vial habían fallecido dos personas y un boliviano. Lo ideal sería no hacer mención a esta característica, o en última instancia referir datos de los tres, para no hacer diferencias. “Llegaron ya, los reyes eran tres, Melchor, Gaspar, ambos de tez blanca, y Baltazar, afroamericano” o “llegaron ya, los reyes eran tres, Melchor, Gaspar, color leche, y Baltazar, más bien tirando a café”. Cerremos, en todo caso, en “llegaron ya, los reyes eran tres, Melchor, Gaspar y Baltazar, tres seres humanos”. Confío en que los inconvenientes de métrica y ritmo podrán ser resueltos por personas con mayores habilidades líricas y musicales que las mías.
Por supuesto, existen muchas otras cuestiones a resolver, pero empecemos por estas dos, y después vamos viendo.


