Opinión
Las características de los vínculos que la mayoría de los gobiernos han establecido con la Casa Rosada bajo el mando de Javier Milei plantea un problema de primera magnitud para las formaciones provinciales de La Libertad Avanza. Necesidades mutuas de gobernabilidad han llevado a un equilibrio que podría definirse como “pacto de los oficialismos”, bajo el que casos como los de la Provincia de Buenos Aires y La Rioja se destacan como lo que son: calculadas excepciones.
La intensidad y vertiginosidad de los acontecimientos hace olvidar algunos detalles que conviene retener.
En octubre del año pasado, a horas de su triunfo electoral, Milei se reunió con 20 gobernadores y les bajó la agenda institucional que se proponía llevar adelante en la segunda etapa de su primer mandato. Adorni mediante, los progresos de ese esquema son más bien dudosos, pero el encuentro exhibió, antes que adhesiones, un cuarteto de réprobos: no fueron invitados el bonaerense Axel Kicillof, el riojano Ricardo Quintela, el formoseño Gildo Insfrán y el fueguino Gustavo Melella.
El escándalo de Manuel Adorni diluyó la fuerza que el Gobierno nacional había obtenido de las elecciones, Diego Santilli fue encumbrado a la Jefatura de Gabinete para maniobrar en el nuevo contexto e hizo lo más lógico: acelerar gestiones para recomponer cargas con los poderes territoriales.
Si se extiende la perspectiva, se verá que estas fluctuaciones fueron una constante desde la accidentada sanción de la Ley Bases tan sistemática, y por lo tanto previsible, que constituyen en sí mismas el orden libertario. Objetivos desmesurados y rabia, choque con la realidad en el Congreso y atenuación de las pretensiones para negociar con los gobernadores, pacificación coyuntural, daños autoinfligidos y reinicio del ciclo. Los recursos de las provincias, es cierto, fueron tributarios centrales del ajuste mileísta, pero la otra cara de la moneda es la asistencia discrecional vía ATNs y adelantos de la coparticipación con devolución a pillar.
Cada encrucijada parlamentaria de La Libertad Avanza es ocasión de renovadas tratativas. En tal contexto, el “pacto de los oficialismos” es un “pacto de no agresión”: los caciques provinciales contribuyen de acuerdo a cómo venga la mano, siempre a cambio de algo, mientras la Casa Rosada no se les inmiscuya en sus distritos.
¿Qué lugar ocupan las franquicias libertarias provinciales en semejante diseño? El perfil opositor que pretenden afianzar en las provincias se les desdibuja significativamente, junto con el atractivo como aliados de otras facciones. Bastaba ver los esfuerzos que gastaban los libertarios para adaptarse a la “institucionalidad” y disimular la contrariedad que les producía que el gobernador Raúl Jalil recibiera a los ministros Luis “Toto” Caputo y Santilli, como si las fotos en Buenos Aires no fueran suficientes.
Son sentimientos similares a los de sus colegas salteños, jujeños y tucumanos, no menos condicionados por el pacto de no agresión entre los gobernadores y la Presidencia.
Una de las salidas que los libertarios exploran para el laberinto es el armado de un paraguas regional que les permita atenuar la imagen de orfandad. Una delegación catamarqueña encabezada por los diputados Carlos Aibar Quintar y Valentina Reynoso participó el fin de semana de un encuentro de juventudes libertarias realizado en Salta, tras el cual Aibar Quintar volvió a postular al diputado nacional Adrián Brizuela como el mejor candidato a gobernador para el año que viene.
Se proyectan nuevos encuentros regionales con mayor volumen político para reforzar la identidad del espacio, pero los libertarios catamarqueños cuentan todavía con la colaboración de aliados como los radicales “peluca”, con más margen para desmarcarse de las directivas de Karina Milei y el menemismo residual y disparar sobre el Gobierno.
