Hay personas a las que les gusta tirar la casa por la ventana cuando cumplen años. Y eso es lo que hizo un Ministro del actual gobierno. El viernes por la noche, el funcionario provincial recibió en su casa quinta de Fray Mamerto Esquiú a 250 invitados ilustres; entre ellos, el vicegobernador Rubén Dusso, el gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, proveedores del Estado y legisladores, entre otros.
El despliegue rozó lo surrealista para la realidad económica actual:
Gastronomía de élite: Un catering valuado en 250.000 pesos por persona, con platos exquisitos regados con champagne y vinos de alta gama.
Técnica y show: 60 metros de pantallas LED de última generación y la presentación en vivo del artista del momento para amenizar la velada.
Detalles exclusivos: Souvenirs tecnológicos de alto costo, personalizaciones con las iniciales del cumpleañero y la fecha del evento.
«En una época donde el común de los catamarqueños no llega a mitad de mes y se endeuda para comprar comida, la obscenidad con la que se manejan algunos personajes de la política choca e indigna.»
Más allá del deseo personal de festejar un cambio de década, la cifra final de la jornada resulta inasimilable: un desembolso superior a los 100 millones de pesos para una sola noche de ostentación. La pregunta que surge de manera inevitable no es solo ética, sino estrictamente matemática: ¿cuánto gana un ministro provincial para financiar, de su propio bolsillo, un evento de semejante magnitud?
El ministro tuvo su noche soñada. Sin embargo, en una provincia golpeada por la crisis, este tipo de excesos trasciende lo privado y se convierte en un símbolo inequívoco de la desconexión entre la dirigencia política y la realidad de los ciudadanos.
