Del sueño del progreso al crédito para comer: la deuda familiar alcanza niveles críticos en Argentina

El fenómeno de «endeudarse para subsistir» ya afecta a más de la mitad de los hogares de ingresos medios. La morosidad llegó al 11,2% en febrero de 2026, la cifra más alta en dos décadas.
Por: Redacción de Economía

Históricamente, el crédito en Argentina fue sinónimo de futuro: la cuota del auto, la ampliación de la casa o el financiamiento de una carrera universitaria. Sin embargo, el panorama actual describe una realidad mucho más cruda. Hoy, las familias ya no se endeudan para crecer, sino para sobrevivir.

Un reciente informe de AtlasIntel y Bloomberg arroja datos alarmantes sobre la clase media (hogares con ingresos de entre $1,5 y $2 millones): el 57% de estas familias utiliza el endeudamiento como una estrategia de supervivencia financiera.

La radiografía de la urgencia
Lo que más preocupa a los analistas no es solo el volumen de la deuda, sino su destino. El crédito ha dejado de ser una herramienta de inversión para transformarse en un «parche» para cubrir necesidades básicas:

Alimentos: El 83% de los endeudados utiliza el dinero para la compra de comida.

Servicios: El 60% lo destina al pago de luz, gas y agua.

Alquileres: Se observa un crecimiento sostenido en deudas para pagar la vivienda, especialmente en el segmento joven (25 a 34 años).

«Cuando la deuda financia alimentos o tarifas, el dinero se consume de inmediato sin generar retornos. Esto crea un círculo vicioso donde se toma deuda nueva para pagar deuda vieja», advierte el informe.

Un récord de morosidad en 20 años
La incapacidad de hacer frente a estos compromisos ya se refleja en las estadísticas oficiales. En febrero de 2026, la morosidad en los créditos a las familias escaló al 11,2%. Para ponerlo en perspectiva, hace apenas un año la cifra era del 2,9%.

Este salto, que casi cuadruplica los valores anteriores, representa el nivel de irregularidad en los pagos más alto de las últimas dos décadas. El impacto es particularmente severo en el uso de tarjetas de crédito y préstamos personales, las vías más rápidas —y costosas— a las que acceden los ciudadanos para intentar tapar el bache mensual.

El factor sistémico
Contrario a la creencia de que el sobreendeudamiento nace de la falta de conducta financiera, los datos sugieren una causa estructural: la pérdida del poder adquisitivo. El salario ya no alcanza para cubrir la canasta básica, y el crédito se ha convertido en el último recurso antes de la ruptura de la cadena de pagos.

El modelo económico enfrenta hoy el desafío de revertir esta tendencia. Si el crédito sigue destinándose al consumo inmediato de bienes básicos, el riesgo de un desequilibrio sistémico y una mayor fragilidad social se vuelve una amenaza inminente para el cierre de este año.

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