El reciente video del concejal Diego Figueroa sobre el centro «La Sala» reavivó el debate sobre la falta de producción legislativa frente al «espectáculo» virtual y las estrategias mediáticas de cara al 2026.
En los últimos días, el escenario político local se ha visto envuelto en una nueva polémica que trasciende los recintos legislativos para instalarse en el terreno de la «política de redes». El protagonista de este nuevo episodio es el concejal Diego Figueroa (PRO), cuya reciente denuncia sobre el supuesto abandono del centro de asistencia «La Sala» ha sido calificada por diversos sectores como una «puesta en escena bizarra» y un error de información.
El episodio de «La Sala»
Figueroa denunció a través de sus plataformas digitales el estado de abandono de «La Sala», un antiguo centro de salud mental y adicciones. Sin embargo, la respuesta oficial no tardó en llegar. La subsecretaria de Salud de la Municipalidad, Fernanda Lagoria, aclaró que dicho establecimiento fue cerrado hace cinco años, tras ser reemplazado por un sistema de abordaje más moderno. Lagoria no dudó en tildar el accionar del concejal de «ignorante» y «ridículo», dado que la información sobre el cambio de sistema era de acceso público.
El «trío» de la virtualidad
Este hecho no es un incidente aislado, sino que se inscribe en una tendencia de comunicación que Figueroa comparte con otros dos legisladores: el libertario disidente Javier Galán y el radical Tiago Puente. Según analistas del sector, este «trío» se caracteriza por un uso intensivo y, a menudo, ecléctico de las redes sociales para ganar visibilidad.
Diego Figueroa: Pionero en estas metodologías, se recuerda su polémica propuesta para declarar «Ciudadano Ilustre» a Edgar Adhemar Bacchiani en 2021, incluso cuando las denuncias por estafas piramidales ya eran evidentes. Sus intervenciones suelen incluir disfraces y montajes para denunciar problemas urbanos.
Javier Galán: Reconocido como el exponente más frenético de este estilo. Sus perfiles mezclan desde denuncias políticas hasta donaciones de psicofármacos y ofertas comerciales de su corralón personal. Recientemente, Galán utilizó sus redes para desmentir una denuncia por abuso sexual y extorsión interpuesta por una ex empleada.
Tiago Puente: Se suma a esta dinámica de «celebrity virtual», priorizando el impacto visual y la interacción digital en su construcción política.
Contraste con la labor legislativa
La crítica principal hacia estos referentes radica en el contraste entre su alta exposición mediática y su baja producción legislativa. En el caso de Galán, se señala que su único proyecto presentado hasta la fecha fue el pedido de «narco-test» para funcionarios, una iniciativa que ya había sido impulsada previamente por el exdiputado Hugo Ávila.
Por su parte, Figueroa ha centrado su agenda en propuestas que han generado rechazo por su carácter «estrafalario», como la intención de sancionar a locales gastronómicos que permitan el ingreso de personas en situación de calle o la erradicación de los cuidacoches («trapitos»).
El horizonte electoral
El fenómeno parece responder a una estrategia deliberada de cara al año próximo. Con las listas electorales en el horizonte y el crecimiento de figuras como Javier Milei a nivel nacional, la política catamarqueña parece estar girando hacia un ecosistema donde el posicionamiento se define más por el algoritmo y los «likes» que por la gestión tradicional.
«Cualquiera hubiera interpretado aquella experiencia (Bacchiani) como un bochornoso error hijo de la ansiedad, pero Figueroa la interpreta como un éxito publicitario».
