Opinión
El 2025 fue un año saturado por la política, las campañas y el discurso partidario, tanto que el período electoral fue más largo que un ciclo lectivo: 200 días pasaron de la primera a la última elección realizada en el país el año pasado, con un calendario maratónico que arrancó en abril y concluyó a fines de octubre.
Los desdoblamientos resueltos por los gobernadores según su conveniencia, condujeron a un mapa de votaciones casi sin precedentes.
De ese modo, antes de las elecciones nacionales del 26 de octubre, hubo más de una decena de elecciones provinciales.
Se votó en Santa Fe el 13 de abril (constituyentes), en Salta, Jujuy, Chaco y San Luis (el 11 de mayo), en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (18 de mayo), Misiones (8 de junio), Formosa (29 de junio), otra vez Santa Fe (29 de junio, provinciales), Corrientes (31 de agosto) y Buenos Aires (7 de septiembre).
Todos ellos volvieron a votar en octubre, cuando simultáneamente se hicieron las elecciones provinciales y nacionales en Catamarca, Córdoba, Chubut, Entre Ríos, La Pampa, La Rioja, Mendoza, Neuquén, Río Negro, San Juan, Santa Cruz, Santiago del Estero, Tierra del Fuego, La Pampa y Tucumán.
El camino fue extenuante incluso para los políticos, con el condimento de los vaivenes anímicos impuestos por los resultados. Por caso, en casi todas las provinciales La Libertad Avanza cayó estrepitosamente, pero en la nacional ganó con comodidad, lo que constituyó un espaldazaro para la gestión de Javier Milei.
Precisamente ese escenario cambiante y volátil, ratificó que la definición de la fecha de las elecciones es una variante estratégica decisiva y determinante para las provincias. Nueve de los once distritos que desdoblaron sus comicios lograron derrotar a los libertarios, pero en la nacional los libertarios triunfaron en 16 provincias. La principal oferta de la oposición, Fuerza Patria, hilvanó victorias resonantes, incluyendo la gigantesca Buenos Aires en las provinciales, pero a la hora del testeo nacional apenas se quedó con un pequeño distrito: sí, Catamarca.
La experiencia, de 2025 y de años anteriores, indica que la fecha de la elección puede ser tan importante como la selección de candidatos: un error de cálculo y el poder cambia de manos.
Todo ello queda para la carpeta de archivo, y este año será para descansar un poco del tema electoral, ya que no hay ninguna elección prevista para 2026. Será momento entonces para tomar un respiro… ¿o no?
Octubre o marzo
Si las próximas elecciones provinciales se realizan junto con las nacionales, en octubre de 2027, quedará un largo trecho para retomar la fiebre de las urnas, pero si esa fecha se adelantara a marzo, el escenario cambiaría drásticamente.
Naturalmente puede ocurrir, porque la Constitución de Catamarca establece que se puede convocar a elecciones en octubre, junto con las nacionales, o en “un domingo de marzo”, y la palabra final la tiene el gobernador Raúl Jalil, ya que esa determinación es facultad exclusiva del Poder Ejecutivo.
Marzo del ‘27 tendrá cuatro domingos: 7, 14, 21 y 28, y son las cuatro opciones que aparecen como opción a una votación conjunta con las nacionales, en un comicio clave porque ya no se trata de renovar parcialmente los cuerpos legislativos, sino que se deberán elegir gobernador y presidente.
Se sabe, en Catamarca no hay certeza electoral, todo lo decide el oficialismo. Fue una prerrogativa que se reservó para sí Ramón Saadi cuando impulsó la última reforma constitucional, de 1988. La oposición de entonces, esencialmente el radicalismo, se quejó, pero luego lo usufructuó al máximo, porque en 1991 tomó el control de la provincia y lo mantuvo por 20 años, jugando con las fechas de convocatoria a placer.
Los reclamos de certeza electoral nunca se apagaron, pero ya nadie tiene derecho a quejarse: el actual oficialismo propuso modificar la Constitución, y no sólo “corregir” ese detalle sino terminar con las reelecciones indefinidas. Pero pasó más de una década y nada se hizo, de modo que ya nadie puede quejarse.
Especulaciones
Si Jalil decidiera que se vote en marzo, este mismo año pasaría a ser electoral, lo cual abriría un panorama tremendo en Catamarca.
En primer lugar, porque el propio gobernador está legalmente habilitado para buscar un tercer mandato consecutivo, algo que él mismo descartó en más de una ocasión y que nadie logró en la historia. Pero no tiene ningún impedimento para hacerlo. Hasta aquí, el único que lo intentó, sin suerte, fue Eduardo Brizuela del Moral.
Si Jalil confirma que dejará la gobernación, se iniciará la carrera por la sucesión dentro del peronismo, que en la línea de largada muestra hoy al intendente capitalino, Gustavo Saadi, casi como sucesor natural. Pero quizás le surjan competidores internos, y él mismo nunca expresó públicamente su decisión de postularse.
No será una elección más: si el peronismo gana se asegurará 20 años seguidos en el poder, igualando la marca del Frente Cívico y Social, y cicatrizando definitivamente aquella herida.
La oposición es hoy una incógnita. El histórico radicalismo agoniza y viene sacando en cada elección menos votos que en la anterior (en la última no pudo meter ni un concejal en Capital), y emerge por otro lado un ala libertaria en franco crecimiento, pero también inmersa en internas y divisiones.
Un factor más a tener en cuenta: las elecciones primarias. En el último turno electoral no hubo PASO; pero técnicamente no se eliminaron, sino que fueron suspendidas “por única vez”. Puede que retornen, lo que abriría el juego, o que sigan en el freezer, lo que llevaría a que cada partido y alianza resuelva sus candidaturas puertas adentro.
Quince años
Aunque siempre se coquetea con la posibilidad, lo cierto es que en Catamarca casi nunca se desdoblan las elecciones.
La decisión es costosa y también arriesgadada, porque el tiro puede salir por la culata.
Desde 2011, que gobierna el peronismo ininterrumpidamente en la provincia, nunca se desdoblaron las elecciones, y los resultados fueron óptimos para el oficialismo.
En 2013, 2015, 2017, 2019, 2021 y 2023, bajo las gobernaciones de Lucía Corpacci y Raúl Jalil, los catamarqueños siempre votaron junto con el resto del país.
Fuera de la experiencia de las intermedias de 2013, cuando el peronismo no se había afianzado y el Frente Cívico y Social obtuvo más votos, el oficialismo ganó siempre: lleva cinco victorias consecutivas, y seis de siete incluyendo cuatro triunfos seguidos en elecciones de gobernador si se agrega el 2011.
El último cambio de fecha, la última convocatoria para marzo, se dio precisamente en 2011, y resultó en una estrategia desastrosa para el gobernante Frente Cívico y Social. Fue allí, cuando Brizuela del Moral se lanzó por un tercer mandato, que el peronismo le arrebató el poder, y empujó al FCS a su desaparición.
Después de aquel traumático proceso, que incluyó una eterna transición de nueve meses para el efectivo cambio de gobierno, no hubo otro desdoblamiento de fechas en la provincia.
¿Habrá llegado el momento?
Muchos peronistas consideran que es una forma de garantizar la continuidad y protegerse del fenómeno Milei, que de no mediar una catástrofe libertaria seguramente volverá a las boletas en búsqueda de su segundo mandato.
Con un peronismo maltrecho y desorientado a nivel nacional, también le permitiría al PJ eludir el caos propio.
Se trata de especulaciones tempranas, pero que deberán resolverse, sin olvidar que el futuro provincial depende de ello.
El Esquiú.com
