Editorial
Desde hace diez meses un conflicto político plantea una situación paradójica en el municipio de Los Altos. “Funcionan” dos Concejos Deliberantes en forma paralela. Entre ambos hay seis concejales, cuando en realidad son cinco los electos como titulares, más funcionarios designados por cada uno de los cuerpos. El conflicto volvió a estallarle al intendente de Los Altos, Raúl Barot, porque viajó a Europa y despertó una pelea por su reemplazo.
El paso del tiempo demostró que la alianza “Unidos por Santa Rosa” que el exsenador formó en 2021 para llegar al municipio no tuvo la solidez que implicaba con un programa de Gobierno. Hoy está claro que el objetivo fue derrocar la dinastía de los Olveira que había gobernado el municipio desde su creación, en el 2001. Al poco tiempo de andar, la alianza se desintegró y comenzaron los problemas para el jefe comunal.
Los problemas políticos fueron miles e incluso habían comenzado antes de esta gestión con la decisión de echar a concejales electos como si se tratara de rescindir el contrato de un empleado. Los problemas fueron creciendo hasta llegar a este punto de tener dos Concejos paralelos que no están en condiciones de tratar un proyecto o tomar alguna medida porque todo es declarado inválido. Uno, el que preside Carlos “Kiki” Olveira, ex aliado de Barot, que se convirtió ahora en su principal opositor. Antes, Olveira también fue desplazado como concejal porque había arremetido contra dos mujeres concejalas a las que echó sin ningún miramiento. En aquel momento intervino el Gobierno, le dieron su propia medicina y lograron desplazarlo. Luego, en una sesión que está judicializada, Olveira regresó y se instaló en el edificio original. El otro Concejo, en el que ahora se recuesta Barot, también padece los problemas de un oficialismo que no tiene homogeneidad. Por caso, la concejala Eliana Moreira, actual presidenta del CD oficialista, fue clave para que Olveira regresara al Concejo opositor en una especie de acto de redención porque antes había levantado la mano para echarlo.
Ante la falta de un acuerdo político para resolver la situación, el conflicto de poderes planteado espera la resolución de la Corte de Justicia. Días pasados, la presidenta del tribunal, Fernanda Rosales, destacó la celeridad que observa a partir de la división de las causas judiciales en Salas que se especializan por materia. Es tanta la mala suerte de Los Altos, como si fuera ficción, que los conflictos de poderes los tratan los siete miembros del tribunal. En otras provincias, lo puede resolver un juez de primera instancia porque está en juego la vulneración de derechos. Según trascendió, el expediente está girando por las oficinas y faltarían pocos votos para una definición.
Mientras la vida política de Los Altos transcurre sin definición y en medio del caos, hay un territorio que se caracteriza por su belleza natural y por la bondad de los recursos que entrega su tierra: la soja, cítricos, arándanos, tabaco, etc. Sin embargo, el desarrollo económico se aleja cada vez más de la gente que vive en el lugar porque queda en manos de empresas de zonas aledañas. Finalmente, son muchas las razones que demandan una definición de la vida política e institucional de Los Altos.
