Extremismo estéril

OPINIÓN
La polémica en torno a la universidad pública es un ejemplo claro de esterilización por extremismo.

Es cada vez más claro que la sacralización del equilibrio fiscal pretende enmascarar las maniobras de propaganda pergeñadas para fortalecer la construcción de una imagen de Javier Milei como líder de ética irreductible, implacable en el ejercicio de la crueldad si es necesario, en desigual batalla contra una casta política empecinada en frustrar la marcha hacia la prosperidad nacional.

Las furibundas reacciones del Presidente responden a esta estructura narrativa menos que a los eventuales perjuicios que las pretensiones opositoras puedan tener sobre el déficit cero.

Si la oposición consigue los dos tercios para voltearle el veto a la ley de financiamiento educativo está por verse, pero es de importancia secundaria. Según sea el caso, los guionistas de Milei lo insertarán en la saga libertaria como victoria de las fuerzas del cielo o nuevo principio de revelación que dejará expuesto a los traidores.

En el sermón de Parque Lezama con el que lanzó La Libertad Avanza como partido nacional y ungió a su hermana Karina como sacerdotisa máxima, Milei vertió conceptos tendientes a establecer que la adhesión al credo libertario debe ser incondicional y absoluta y prefiguraron la sanción a los dirigentes que participaron de la marcha universitaria.

“El Poder Ejecutivo celebra el sinceramiento de los dirigentes Cristina Kirchner, Sergio Massa, Martín Lousteau, Horacio Rodríguez Larreta y Elisa Carrió, quienes han decidido unirse públicamente con el objetivo de obstruir el plan económico del Presidente. Esta convergencia deja de manifiesto la consolidación de un nuevo frente de izquierda populista en defensa de los privilegios de la dirigencia política”, disparó la Oficina de la Presidencia.

La retórica presidencial reincide en su proverbial fundamentalismo contra los degenerados fiscales: o se está con Milei, o se está en contra. No hay lugar para matices. Este maniqueo diseño le ha servido para celebrar como héroes a los diputados que le permitieron negarle un aumento de miseria a los jubilados, pero que en el caso del sistema universitario tiene otro efecto: los fondos que se asignarán serán más o menos, la pelea se judicializará o no, pero la discusión sobre los cambios que la educación superior pública argentina necesita quedaron clausurados.

¿Y quién se beneficia con esto? La casta que parasita el presupuesto universitario, a la que Milei y sus desaforados operadores le ofrendan un inmerecido respaldo social al atacar la educación pública en bloque y tratar de desacreditarla con datos falsos y razonamientos falaces.

Así, no se discute la opaca administración de los fondos destinados a las universidades y eventuales malversaciones al amparo de la autonomía universitaria, ni la manipulación de las estructuras burocráticas con fines facciosos, por ejemplo. Tampoco los privilegios y abusos que postergan a miles de docentes e investigadores en beneficio de una oligarquía académica enquistada con profundidad similar a la de los sindicalistas.

El potencial de una discusión seria sobre la universidad pública se anula debido a las desmesuras y disparates del elenco libertario y el propio Milei, aprovechados con astucia por los jerarcas universitarios para blindarse con la defensa corporativa y evitar que se aborden aspectos que podrían resultarles comprometedores.

Esterilización por extremismo: aplíquese el modelo a otras discusiones argentinas y se advertirá lo funcional que resulta para la vigencia e impunidad de las castas que el señor Milei dice combatir.

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