OPINIÓN
El asado con que Javier Milei agasajará a los “87 héroes” que blindaron su veto al aumento de las jubilaciones en la Cámara de Diputados es una afrenta.
Una cosa es que, como el Gobierno alega, no se pueda proceder a la mejora por falta de recursos, y otra celebrar haberle arrebatado un incremento de hambre a un sector vulnerable y pauperizado. Si en efecto es imposible aumentarles a los jubilados por razones de caja, debería lamentarse, no festejarse.
Estas enajenadas actitudes de Milei no pueden a esta altura asombrar a nadie. Lo significativo es que ninguno de los “87 héroes” haya tenido la elemental decencia de declinar la invitación.
Se ve que a ninguno se le ocurrió pensar en cuántos jubilados tendrán que conformarse con el caldo de un hueso reseco de tantas hervidas, si es que tienen, mientras él disfruta cortes, achuras, embutidos y botellas de primera con los partícipes del operativo y el jefe de Estado.
Capaz que si el veto era rechazado el pobre viejo podía conseguir que le fíen unos fideos a cuenta de los 15 mil pesos extras que le iban a entra por el malogrado aumento. ¿Se plantearán estas hipótesis Milei y sus colaboracionistas en el asado del martes? ¿O irán después de la comilona a sacarse una foto regalando las sobras en un hospicio para postularla al aplauso de los alcahuetes virtuales?
Este regodeo en la crueldad ejercida sobre los indefensos marca una nueva estribación en el deterioro de los sensores éticos y morales que impregnan la era libertaria. No por Milei, sino por quienes acudirán a chuparle las medias sin mayores remordimientos, en particular quienes cambiaron su voto a cambio vaya a saberse de qué. Quizás son tan baratos que alcanzó con un asado en Olivos y los elogios del mandatario por X.
“Hoy 87 héroes le pusieron un freno a los degenerados fiscales que intentaron destruir el superávit fiscal que los argentinos con tanto esfuerzo logramos conseguir. Evidentemente los políticos siguen pensando que los argentinos somos tontos y no vemos sus malintencionadas maniobras para voltear a un gobierno que por primera vez elige decirle a los argentinos una verdad incómoda en lugar de una mentira confortable”, posteó el Presidente luego de que su veto quedó firme.
La verdad incómoda es que el país está en manos de un personaje incapaz de empatizar con los que sufren por sus medidas. Los jubilados están lejísimo de la casta: casta son los que le irán a rendir pleitesía en el asado.
Las metas macroeconómicas de las que Milei se envanece ante magnates nacionales y extranjeros resultan del saqueo a los sectores más postergados de la sociedad.
La fórmula aprobada por el Congreso establecía un aumento de las jubilaciones y pensiones del 7,2% retroactivo a abril, más un adicional del 8,1% compensatorio por lo que se les debe de enero.
La jubilación mínima pasaría de $234.540 a $285.000: 50.460 pesos más. El ingreso mínimo para quienes perciban un solo haber, actualmente $304.540, se elevaría a $317.704: 13.164 pesos más.
Esa miseria es la que el veto de Milei niega a los jubilados. Y esa mezquindad, sazonada con la represión en las jornadas parlamentarias, es la que festejará como un triunfo épico con los “87 héroes” que le permitieron perpetrarla, coreando “el déficit cero es innegociable”.
Si una molleja justiciera les patea el hígado, deberían interpretarlo como “principio de revelación”.
