Que no se quede en aprontes

Más allá de términos que las partes puedan considerar agraviantes, la discusión sobre la situación del Poder Judicial que se abrió a partir de las declaraciones críticas del presidente del Colegio de Abogados, Exequiel Moreno, podría arrojar resultados positivos si los litigantes consiguen apaciguar las pasiones y encarrilarla.

Moreno se refirió a los perjuicios que devienen de la mora judicial, la ausencia de mecanismos de control sobre el desempeño de jueces y fiscales y la inamovilidad en los cargos para concluir que los magistrados de Catamarca constituyen una “casta”.
La Asociación de Magistrados le recordó que los mecanismos para sancionar a jueces fiscales están previstos en la Constitución y regulados, al tiempo que subrayó los escasos recursos humanos y materiales con que la Justicia cuenta para satisfacer la demanda social.

El Consejo Directivo del Colegio de Abogados refrendó ayer la posición de Moreno a través de un documento.

“La percepción de impunidad que puede derivarse de la combinación de mora judicial y privilegios del Poder Judicial impacta en la confianza en el sistema de Justicia”, consideró la conducción del ente gremial de los profesionales del derecho.

“Todas y cada una de las cuestiones planteadas son las que nos han llevado hacia la anomia del Poder Judicial de Catamarca”, concluyeron.

Conjugada con la hipersensibilidad de jueces y fiscales, la propensión a los adjetivos de los abogados podría ser contraproducente y desviar la discusión del eje que sería deseable.

El potencial del debate podría malograrse en un intercambio de descalificaciones para las que hay material de sobra en ambos bandos. Si se empiezan a tirar privilegios por la cabeza, de corporación a corporación –o de casta a casta-, la partida quedaría con seguridad empardada, ayuna de resultados más productivos que las mutuas catarsis.

La presidenta de la Corte de Justicia, Fernanda Rosales Andreotti, consideró que “las críticas y los reclamos tienen que partir del conocimiento profundo de las situaciones y de un diálogo que tiene que ser sincero, franco, abierto, y en el que también, además de quejarnos, tenemos que proponer».

«Nosotros –añadió- no pensamos que el Poder Judicial funciona maravillosamente. Somos conscientes de que hay muchas cuestiones por resolver y que hay muchas cuestiones a las que estamos abocados para resolver, así que receptamos con el mayor de los agrados todas las soluciones que nos propongan. Nos gustaría así también que el Colegio de Abogados, la Asociación de Magistrados, todos juntos, podamos trabajar en conjunto y aportar cuando vamos a discutir el presupuesto para el Poder Judicial, que muestren la misma preocupación cuando vamos a defender la independencia de Poder Judicial”.

La jueza recordó que “desde el 1º de febrero de 2023 la Corte de Justicia comenzó a funcionar en salas, y una de las salas es la de Sumarios y Reclamos. Allí es donde nosotros receptamos los reclamos por mora judicial. Esos procesos se están siguiendo, se han terminado y en algunos casos han tenido sanción».

Despejados epítetos y argumentos defensivos, queda un denominador común sobre el cual podría comenzar a desplegarse la discusión: hay muchas cuestiones por resolver y el Poder Judicial no funciona “maravillosamente”.

Si la Corte, la Asociación de Magistrados y el Colegio de Abogados son capaces de abandonar el terreno de las generalizaciones e identificar los motivos por los que la Justicia falla, se habrá dado un gran paso.

Algo es innegable: el Poder Judicial viene siendo epicentro de sonadas polémicas, muchas de ellas escandalosas, que erosionan su prestigio.

Es positivo que la discusión se haya disparado, aún con su escabroso inicio. Está por verse si arroja algún fruto o se queda en los aprontes.

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