Las expresiones de despedida a Maximiliano Brumec coinciden en resaltar una extraordinaria capacidad para el trabajo de gestión y político, que desarrolló a pesar de los graves problemas de salud que terminaron llevándoselo a la temprana edad de 45 años.
Lo intenso de su labor acrecentó la dignidad con que sobrellevó las limitaciones físicas que le imponían sus afecciones, debido a las cuales debió someterse durante años a diálisis y finalmente a dos trasplantes de riñón que no pudo superar.
Profesor de Educación Física, Brumec empezó como funcionario en 2004, como director del programa PIO en el Ministerio de Desarrollo Social que conducía Martha Torres de Mansilla, en el primer gobierno de Eduardo Brizuela del Moral. Lucía Corpacci valoró su tarea y su compromiso, y lo puso al frente de la Secretaría de Deportes de la Provincia, donde su gestión le permitió revertir rápidamente las reticencias que en el peronismo provocaban sus orígenes, primero, para luego posicionarse como uno de los dirigentes mejor conceptuados desde el punto de vista electoral en el áspero escenario capitalino.
No es poco. Para 2019 integraba junto con Gustavo Saadi y Fidel Sáenz el trío de posibles postulantes a la Intendencia de la Capital que Raúl dejaría libre para competir por la Gobernación. Hubo acuerdo para evitar la primaria, y la tracción de Brumec se garantizó con su candidatura como senador, mientras Sáenz continuaba al frente de la Secretaría de Vivienda, que pasaría a ser Ministerio. El triunfo en el distrito fue apabullante, sin precedentes.
Ya en el Senado, estuvo al frente de la Comisión de Asuntos Constitucionales, donde mostró solvencia en el conocimiento de derecho. Se había recibido de abogado en 2016.
Estas virtudes se conjugaron con su don de gente y su predisposición al diálogo para granjearle un respeto unánime, que se reflejó en la despedida de ayer.
Más allá de la política, quizás su satisfacción mayor hayan sido los honores que le rindió el mundo del deporte, al que promovió con su característica pasión en forma directa durante los ocho años en que estuvo al frente del área, sin errar disciplina.
Muchos deportistas recordaron el respaldo que les brindó cuando pocos creían en ellos. Supo combinar el acompañamiento a instituciones y figuras ya afianzadas con la promoción de nuevos valores en diferentes terrenos, y pergeñó ideas para incentivar la sana competencia entre los adolescentes como la Fiesta de los Buzos, que terminó convirtiéndose en un clásico de la cultura juvenil provinciana.
Cultivó un estilo despojado de estridencias y afable, si bien firme en los momentos en que debía defender convicciones y posturas políticas, no pocas veces complejas y en ocasiones incluso en disidencia con algún sector del oficialismo.
Si se considera que tomó la carrera política recién en 2011, se tendrá una visión más ajustada de su ascenso. En tan solo 8 años, desde Deportes, había conseguido convertirse en un dirigente de fuerte gravitación en la Capital y dentro del peronismo, fuerza que abrazó recién cuando Corpacci decidió incorporarlo a sus equipos.
Es una trayectoria destacable, no solo por su vertiginosidad, sino también, y sobre todo, porque la recorrió peleando a brazo partido y simultáneamente con sus antagonistas y con sus problemas de salud.
El oficialismo pierde con él un referente importante y prestigioso, respetado por propios y extraños, que fue capaz de ganarse una reputación en muy poco tiempo, venciendo adversidades personales enormes.
Fuente: El Ancasti
