Política en clave de frenesí

La irrupción de Javier Milei y sus primeros dos meses de gobierno han generado una reconfiguración acelerada del escenario político. Pero la transformación es permanente, día a día. No es un nuevo escenario político distinto desde el 10 de diciembre respecto del anterior: son múltiples los escenarios que se vienen suscitando según el ritmo frenético que el propio presidente le ha logrado imprimir a la política argentina.

Los cambios se van produciendo no solamente por los canales habituales de la política, sino también a través de las herramientas del mundo virtual. El presidente es capaz de fulminar incipientes acuerdos, encauzados trabajosamente por las vías tradicionales –negociaciones en el Congreso, entre ministros y gobernadores- de un solo tuit.

La oposición dialoguista o amigable hizo todo lo posible para acompañar el proyecto de ley ómnibus, produciendo lógicamente modificaciones a la iniciativa original. La compleja construcción del consenso implosionó por la intransigencia del propio Milei, que ordenó la retirada. Los amigos dialoguistas se transformaron de un momento para el otro en enemigos dignos del aniquilamiento, incluidos los gobernadores de las provincias, que no se alinearon incondicionalmente con la propuesta libertaria.

Incapacitado para tolerar disensos, Milei se quedó sin el apoyo de ese espacio político, integrado por peronistas no kirchneristas, un sector del radicalismo y otros legisladores de bloques provinciales y por lo tanto en una situación de debilidad parlamentaria.

Los halcones del Pro, que a esta altura es casi todo el Pro, y que tienen al expresidente Mauricio Macri como referente principal, se ofrecen para otorgarle al gobierno un sostén político. El acuerdo que Milei y Macri están explorando incluye la conformación de un bloque sólido de legisladores, pero también una suerte de mayor penetración del Pro en el gabinete.

Entre los funcionarios de los tres niveles del Ejecutivo nacional más importantes (ministerios, secretarías y subsecretarías) hay en la actualidad una sola dirigente libertaria pura: su hermana Karina, que ocupa la titularidad de la Secretaría general. El Pro ocupa 10 lugares –entre ellos dos ministros-; el radicalismo uno y hay tres peronistas –había cuatro antes de que fuera echada Flavia Royón-. El resto son funcionarios sin partido político o de partidos muy pequeños.

No le sobran funcionarios de confianza a Milei, pero el interesado apoyo del macrismo puede ser una complicación adicional para un presidente que no parece decidido a dejarse cooptar. Tal vez en el propio acuerdo en ciernes se encuentre el germen de un nuevo conflicto institucional de consecuencias impredecibles.

En este contexto, desconcertados como están por el estilo político atípico del primer mandatario nacional, los que deben definir una estrategia política consistente son los gobernadores. Las posturas conciliadoras, o incluso colaboracionistas como la del tucumano Osvaldo Jaldo, el cordobés Martín Llaryora, el santafesino Maximiliano Pullaro o el mendocino Alfredo Cornejo, no sirvieron para mucho. Y tampoco le ha ido bien al gobernador catamarqueño Raúl Jalil, que con buen criterio se manifestó dispuesto al diálogo. Catamarca es una de las provincias más perjudicadas por las políticas nacionales vigentes desde el 10 de diciembre.

La reconfiguración del escenario político es tan vertiginosa que los actores protagónicos aparecen desconcertados y, a veces, sin la reacción necesaria. Milei, en el centro de la escena, padece sin embargo de una debilidad creciente que se advierte en los ámbitos tradicionales de la política pero también en las encuestas de imagen presidencial, que vienen verificando una caída peligrosamente constante.

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