Fábula de la irresponsabilidad

El Gobierno nacional enviará finalmente el proyecto para retrotraer el mínimo imponible del impuesto a las Ganancias a los niveles vigentes antes de septiembre de 2023, cuando el Congreso, a instancias del entonces ministro de Economía y candidato a la Presidencia de Unión por la Patria, Sergio Massa, modificó la escala.

Por supuesto, a los trabajadores y autónomos que dejaron de pagar el tributo la disposición les sirvió para aliviar el rigor del azote inflacionario del que Massa era responsable, pero su carácter demagógico resultaba obvio.

El ministro-candidato la instrumentaba después de perder las PASO, como había hecho cuatro años antes, condicionado por similares angustias electorales, Mauricio Macri.

Pero a diferencia del expresidente, que la sacó por un decreto que los gobernadores peronistas voltearon a través de un amparo en la Corte de Justicia, Massa pudo darle rango de ley gracias a la anuencia de los mandatarios, a quienes les prometió compensarles la caída de sus coparticipaciones coparticipando parte de los impuestos al Cheque y PAIS.

Reintegro a pillar, al más puro estilo proselitista –una zapatilla en campaña, la otra después de ganar la elección- que ninguno de los gobernadores se le ocurrió garantizar proponiendo que todo el paquete se votara junto.

También en campaña, Milei y su candidata a vicepresidente Victoria Villarruel votaron a favor de la nueva escala.

Massa perdió y dejó Economía sin mover un dedo para cumplirle a los gobernadores. Águilas chasqueadas por tamaño gavilán, trataron de que Milei se hiciera cargo de la deuda, pero el libertario no había asumido compromiso alguno y no quiso compartir un peso de los impuestos que el Estado nacional embucha íntegros.

La caída en la recaudación por la merma de Ganancias proyectada para 2024 era de casi 4 mil billones de pesos.

Lo que los gobernadores pretendían era no pagar costo político alguno por timbearse los recursos fiscales de sus provincias en la campaña y que su apuesta fuera abonada exclusivamente por Milei con parte de la torta nacional.

El desenlace comparte los costos políticos: los gobernadores se dan con la piedra por la boca y Milei también vuelve sobre sus pasos al tiempo que traiciona su promesa electoral de no incrementar impuestos.

Pero ambos embolsan. El costo económico será solventado por quienes tendrán que volver a pagar Ganancias, aunque ahora con la inflación desenfrenada y el nuevo inquilino de la Casa Rosada festejando que haya sido solamente del 25,5% en diciembre.

Con el piso de ingresos en $1.350.000 en bruto, son alrededor de 800 mil trabajadores en todo el país,

El proyecto se denomina “Impuesto sobre los Ingresos Personales” y contempla ajustes trimestrales de las escalas de acuerdo a la evolución del Índice de Precios al Consumidor. Hasta que salga, la inflación de referencia ya habrá hecho un trabajo importante de licuación de los ingresos.

El criterio de Milei para valorar enero es el mismo que aplicó para diciembre: ucrónico.

Como si no hubiera arribado él la inflación hubiera trepado a más del 45%, el 25,5 amerita celebraciones. En el caso de enero, del 25 para abajo es también meritorio. Y así vaya saberse hasta cuándo.

El caso es una fábula de la irresponsabilidad con una moraleja cínica.

Meta promesa que después vemos. Total, los que pagan cuando sobrevienen los desmadres son siempre los mismos ilusos.

Fuente: El Ancasti

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