El proceso de extranjerización del litio se va a profundizar: vienen por el agua

Por Lic. Nicolás Quiroga
El proyecto de derogación de la Ley de Tierra es una medida política que no puede dejar indiferente a nadie. Desde nuestro punto de vista sostenemos que, bajo el disfraz en la democracia, concepciones totalitarias se encubren en la legitimidad de un triunfo electoral para “fujimorizar” a la Argentina, rompiendo de esta manera la necesaria división de poderes y el ejercicio democrático del poder político en la Argentina que, con sus altibajos, se venía consolidando desde hace cuatro décadas.

Con su DNU, del presidente Milei, nos expone a una crisis de la democracia representativa, la cual, dicho sea al paso, debería realizarse un serio replanteo en su práctica democrática, así como en el uso poder y la política.

Ante el fundamento de que “todos podemos elegir”, deberíamos con urgencia pensar que ello no implica que, como electores, tengamos la potestad de hipotecar nuestras vidas convirtiendo nuestro hábitat cultural, social e histórico en una definitiva colonia (que en definitiva eso implica una nación soberana) al estilo de países como Puerto Rico.

A quienes, en su legítimo ejercicio democrático de elegir modelos de conducción política entienden que se debe asumir desde el estoicismo el tránsito de un camino donde en algún momento, particularmente al final, veremos la luz, los exhortamos a retomar, como parte del pueblo argentino que son, a una sabiduría que les es inmanente. Y a partir de ello podrán entender que no los pueden convencer de que lo que se está realizando desde las actuales medidas de gobierno surge del mejor tratamiento conforme a los intereses del conjunto, incluyendo al 56% de la población que votó a quienes dirigen los destinos de este país.

Para el pueblo, un buen gobierno siempre será un buen gobierno, en tanto lo perciba como tal. Y es por ello que no podemos dirigirnos a él en tono infantil, haciéndoles creer que aún están en la etapa de la niñez y que solo tendrán los resultados cuando sean mayores.

Fue de público conocimiento que nuestra provincia abrió el juego geopolítico con China, Japón y Rusia. Allí estaba nuestro desarrollo minero, las inversiones multimillonarias, ningún actor político en nuestra democracia catamarqueña realizó ningún planteo. Hoy, en el regreso de otra pretendida hegemonía monopólica, vienen, ya no solamente por el litio de Catamarca y el país, sino también por nuestras aguas.

Emerge la pregunta obligatoria: cuál será la respuesta de la democracia de nuestra Provincia, sin distinción de banderías partidarias ante la extranjerización ya anunciada.

El carácter cuasi retórico del interrogante nos pone de cara al gran desafío de repensar lo que expresamos en una publicación de la Editorial Prometeo “Consolidar Anclas o Liberar Futuro”. Tal desafío consiste en reconocer, y luego articular, una democracia representativa con una democracia participativa. El Estado en su responsabilidad geopolítica nos está requiriendo profesionalismo en sus visiones internacionales.

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