Con el líder libertario Javier Milei ocurre algo parecido a lo del “Trader God” Edgar Adhemar Bacchiani: la subasta de candidaturas en dólares que ahora se denuncia con tanto escándalo se lubricó con las desmesuradas celebraciones al personaje y a su prédica rabiosa contra la “casta política”, que lo instalaron como alternativa de poder sin considerar el carácter delirante de sus propuestas, sus desequilibrios emocionales y su misticismo fundamentalista. Como pasó con Bacchiani, los que contribuyeron a construirle el prestigio se hacen los distraídos ahora que empiezan a cundir información y pruebas sobre los pagos que exige por el derecho a candidatearse bajo el sello de “La Libertad Avanza”, que fluctúan entre los 10 mil y los 100 mil dólares de acuerdo al cargo y el distrito.
Los indicios sobre estas transacciones no son nuevos. Meses atrás Mila Zurbriggen, dirigente del ala libertaria juvenil, denunció acomodos en La Libertad Avanza a cambio de “sexo y guita”. Carlos Eguía, excandidato a gobernador libertario en Neuquén, aseguró que La Libertad Avanza exigía la venta de “franquicias” electorales y cargos y el pago de “cachets” para viajes a cambio de utilizar los sellos partidarios. También en Córdoba hubo controversias por el método de construcción política.
La consistencia de las acusaciones, sin embargo, se robusteció cuando el empresario Juan Carlos Blumberg, que labró un gran prestigio ético a partir de las multitudes que convocaba en 2004 tras el secuestro y asesinato de su hijo, se abrió hace unos días del esquema libertario bonaerense denunciando la venta de candidaturas y enjuagues espurios con el candidato a la Presidencia oficialista Sergio Massa.
Ayer estalló la polémica en Entre Ríos, donde la referente libertaria Liliana Salinas admitió, luego de que trascendieron audios comprometedores, que requería entre 10.000 y 40.000 dólares a los interesados en enfilarse como candidatos a concejales, legisladores e intendentes con el candidato a la Gobernación, Sebastián Etchevehere, con la opción de pagar en cuotas.
Buenos Aires y Entre Ríos, como Catamarca, votan en simultáneo con las elecciones nacionales. Desde el punto de vista económico, es lógico que las operaciones de recaudación sean más intensas: a diferencia de los distritos con elecciones desdobladas, donde los resultados libertarios fueron penosos, Milei y su potencia de tracción estarán al frente de la boleta. La participación en la franquicia es un cebo irresistible para angurrientos y poceros.
El foco de las denuncias se centra en él, su hermana Karina y los armadores Carlos Kikuchi y Sebastián Pareja.
Milei no se limitó a admitir la comercialización de candidaturas y cargos. Además, elogió su método. “A ver si se entiende de una vez: en este espacio se queda el que viene a poner (acá cada uno se banca la propia)”, tuiteó.
Entre tanto desvarío se filtró el razonable interrogante acerca del modo en que se financia el resto de los candidatos, pero no explicó cómo podrían los aportantes controlar el destino de sus contribuciones, ni mucho menos cuánto lleva embuchado.
Al margen de la opacidad del financiamiento político en general, es evidente el fabuloso negocio que Milei ha montado sobre su celebridad. Igual que hizo en Catamarca Bacchiani, que era un enfático admirador suyo y llegó en algún momento a coquetear con la actividad política.
El “Trader God” también contaba con seguidores y escuderos, tan entusiastas que se oponían a que el fisco lo controle, se deshacían en elogios a su novedosa actividad y hasta propusieron que la Cámara de Diputados lo condecore. Obviamente, se le borraron en cuanto empezó a tener inconvenientes judiciales.
La suerte electoral de Milei marcará hasta dónde se extienden estas vidas paralelas, pero una incógnita seguirá hermanando a las dos estrellas: ¿cuánto se llevaron?
Fuente: El Ancasti
