Como la inteligencia y la astucia del Francisco, primer jesuita que llega a Papa, es proverbial, resulta inverosímil que no considerara el impacto que tendrían sus apreciaciones sobre la inflación “impresionante” y la pobreza superior al 50% de la Argentina. Justo cuando Argentina es anfitriona de la cumbre del CELAC, para colmo. Que haya sentido la necesidad de aclarar “no hago política” reforzó sus dichos precisamente en ese campo, porque no suele referirse a la situación del país. “¿Qué paso? Mala administración y malas políticas», sintetizó el Sumo Pontífice.
Un maestro para tomar distancia del fracaso colectivo. Sus palabras afectaron al gobernante Frente de Todos, fuerza que hasta ese momento parecía ser de su predilección, más allá de los cortocircuitos que se produjeron cuando el presidente Alberto Fernández promovió la legalización del aborto.
Condenado a tratar infructuosamente de congraciarse con quienes lo desprecian, el mandatario le puso Francisco al hijo con Fabiola Yáñez el año pasado, y explicó que la decisión tenía “mucho que ver con lo que el Papa representa como líder. Un líder del mundo y yo lo valoro mucho». El homenajeado no se dio por aludido.
Hay evidencias claras, sin embargo, de las simpatías de Francisco con el oficialismo local. En 2013, por ejemplo, bautizó a Néstor Vicente, hijo del líder del Movimiento Evita, Emilio Pérsico, y su compañera Patricia Cubría. Cuánto hubiera dado Alberto por una ceremonia semejante para su vástago. Por entonces Pérsico era subsecretario de Agricultura Familiar; actualmente se desempeña como secretario de Economía Social en el Ministerio de Desarrollo Social que comanda la ultraalbertista Victoria Tolosa Paz.
Más estrechas son las relaciones de Francisco con el dirigente social Juan Grabois, líder del Frente Patria Grande y del Movimiento de Trabajadores Excluidos, a quien honró como “punto índice” del Vaticano al designarlo miembro del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, un organismo de la Santa Sede fundado en 2016 que tiene como objetivo promover el desarrollo integral del hombre a la luz del Evangelio y en el surco de la Doctrina Social de la Iglesia, puesto para el que había hecho banco un año en el rol de consultor del Pontificio Consejo de Justicia y Paz.
El gobierno del que Grabois, funcionario del Vaticano, forma parte, registró el golpe de las manifestaciones del Papa y salió a hacer la exégesis de las declaraciones con su lógica habitual de echarle la culpa de todo a Macri.
Salió al ruedo primero la vocera Gabriela Cerruti.
“Cuando el Papa dice que la política hizo que esta economía estuviera como está, todos sabemos que es producto de los cuatro años de Mauricio Macri que estamos todavía remontando”, dijo, y pidió tiempo para “empezar a cosechar lo que se sembró”.
El Presidente declaró por su parte que “mientras gobernó Perón, otra era la realidad argentina”, como si el peronismo no hubiera gobernado nunca desde la muerte de su fundador y él mismo no hubiera sido funcionario nacional desde Alfonsín.
“Cuando empezaron a sucederse gobiernos dictatoriales, siempre regidos por las lógicas liberales y conservadores, generaron lo que generaron”
Estas intentonas por apartarse de la línea de tiro fueron frustradas de antemano por el mismo Francisco.
“No sé si usted sabe –dijo en la entrevista- esa historia de los ángeles custodios de los países que se fueron a quejar a Dios y le dijeron: ‘Dios Padre, fuiste injusto, porque a cada uno de los países le diste una riqueza: ganadería, agricultura, minería, y a los argentinos le diste todo, todo; tienen todas las riquezas. Y dicen que Dios pensó un poco y dijo: ‘No, pero para equilibrar se las di a los argentinos’. Que no se enojen, es un chiste, yo soy argentino. Me río pero algo de verdad hay, porque no terminamos de llevar adelante nuestra cosas”.
Fuente: El Ancasti
